Xenofobia
Julio 22nd, 2008 by wenperlaNo es que nos cuente algo que no sabemos. No es que vayamos a leer lo más atroz que hayamos leído jamás. No es que las situaciones descritas sean inéditas y jamás imaginadas. No es que no haya habido ya degradaciones más repugnantes. No es que sea el reportaje mejor escrito de todos los tiempos. No es nada de esto. Este libro es, simple y llanamente, un homenaje al periodismo encubierto… un llamado a la conciencia.

Günter no contó esta historia: la vivió. Fue protagonista de una historia con mil protagonistas anónimos. Fue a través de Alí que cobraron voz todos aquellos que desde siempre han tenido una vida silenciada. Hay una diferencia entre la Segunda Guerra Mundial y la segunda posguerra: la suplantación del tirano único por varios tiranos creados a su imagen y semejanza. Mientras aquél se valió de campos de concentración para ‘purificar’ su raza, los últimos se valieron de títeres de carne y hueso para enriquecerse aceleradamente y sin escrúpulos. Günter Wallraff hace una radiografía maravillosa del submundo alemán de la segunda posguerra. No le bastó descubrir la brutalidad encubierta: se entregó a la barbaridad para contarnos la historia no desde la perspectiva del periodista sino del turco ilegal que llegó a Alemania en busca de una oportunidad.
Valiéndose de un precario pero efectivísimo disfraz, Günter se transforma en Alí, un turco ilegal en en la República Federal Alemana. Y así vive sobrevive, infiltrándose en las catacumbas más profundas de la xenofobia y del racismo de una sociedad retrógrada e ignorante, violadora al extremo de los derechos humanos. Nos narra una a una todas sus desavenencias y desenmascara a los criminales que, a imagen y semejanza del genocida más famoso de la historia, se esforzaron por hacerse merecedores de una parcela considerable en el infierno. Hoy desde ahí nos miran.
¿Y cómo nos atrevemos nosotros a criticar estas atrocidades si las fomentamos en nuestros ambientes más inmediatos? En la oficina, en la calle, en el antro, en el avión… todo el tiempo quedan manifiestos nuestros complejos. El “N.R.D.A.” no es sino una muestra clara de que a nuestra sociedad le falta muchísimo por evolucionar. México es producto del mestizaje y, paradójicamente, es el país más heterogéneo de todos.
Cabeza de turco vendió, en muy pocos meses después de su primera publicación en 1985, más de dos millones de ejemplares. La cuarta reza: “convirtiéndose en el mayor best-seller de la posguerra, un verdadero fenómeno sociocultural”.
Este hombre no pasó a la posteridad por su prosa perfecta —dista mucho de serlo—. Fueron sus agallas las que lo encumbraron como uno de los portavoces de la humanidad. Ésa debiera ser la utopía de todos los periodistas: amar la historia a un grado tal que contarla no es suficiente: hay que vivirla.
La xenofobia es uno de esos males con los que la humanidad tendrá que perecer. Podríamos cambiarlo, pero nos da güeva. Esa maldita indiferencia que nos ciega y nos convierte en actores pasivos de esta puesta en escena. En fin, ‘¿qué más da?’. Los alemanes de la saga hitleriana exterminaron a los de razas ‘impuras’; aquí sólo discriminamos a diestra y siniestra. Aquí la crueldad física pierde protagonismo frente a las agresiones psicológicas que nos vuelven una sociedad mecánica y resentida.
(La portada del libro está escaneada. No me había dado cuenta de que la tensión fue tal que casi la destrozo. O-o. Creo que necesito ‘terapia’…)





