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Xenofobia

Julio 22nd, 2008 by wenperla

No es que nos cuente algo que no sabemos. No es que vayamos a leer lo más atroz que hayamos leído jamás. No es que las situaciones descritas sean inéditas y jamás imaginadas. No es que no haya habido ya degradaciones más repugnantes. No es que sea el reportaje mejor escrito de todos los tiempos. No es nada de esto. Este libro es, simple y llanamente, un homenaje al periodismo encubierto… un llamado a la conciencia.  

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Günter no contó esta historia: la vivió. Fue protagonista de una historia con mil protagonistas anónimos. Fue a través de Alí que cobraron voz todos aquellos que desde siempre han tenido una vida silenciada. Hay una diferencia entre la Segunda Guerra Mundial y la segunda posguerra: la suplantación del tirano único por varios tiranos creados a su imagen y semejanza. Mientras aquél se valió de campos de concentración para ‘purificar’ su raza, los últimos se valieron de títeres de carne y hueso para enriquecerse aceleradamente y sin escrúpulos. Günter Wallraff hace una radiografía maravillosa del submundo alemán de la segunda posguerra. No le bastó descubrir la brutalidad encubierta: se entregó a la barbaridad para contarnos la historia no desde la perspectiva del periodista sino del turco ilegal que llegó a Alemania en busca de una oportunidad.

Valiéndose de un precario pero efectivísimo disfraz, Günter se transforma en Alí, un turco ilegal en en la República Federal Alemana. Y así vive sobrevive, infiltrándose en las catacumbas más profundas de la xenofobia y del racismo de una sociedad retrógrada e ignorante, violadora al extremo de los derechos humanos. Nos narra una a una todas sus desavenencias y desenmascara a los criminales que, a imagen y semejanza del genocida más famoso de la historia, se esforzaron por hacerse merecedores de una parcela considerable en el infierno. Hoy desde ahí nos miran.

¿Y cómo nos atrevemos nosotros a criticar estas atrocidades si las fomentamos en nuestros ambientes más inmediatos? En la oficina, en la calle, en el antro, en el avión… todo el tiempo quedan manifiestos nuestros complejos. El “N.R.D.A.”  no es sino una muestra clara de que a nuestra sociedad le falta muchísimo por evolucionar. México es producto del mestizaje y, paradójicamente, es el país más heterogéneo de todos.

 Cabeza de turco vendió, en muy pocos meses después de su primera publicación en 1985, más de dos millones de ejemplares. La cuarta reza: “convirtiéndose en el mayor best-seller de la posguerra, un verdadero fenómeno sociocultural”.

Este hombre no pasó a la posteridad por su prosa perfecta dista mucho de serlo. Fueron sus agallas las que lo encumbraron como uno de los portavoces de la humanidad. Ésa debiera ser la utopía de todos los periodistas: amar la historia a un grado tal que contarla no es suficiente: hay que vivirla.

La xenofobia es uno de esos males con los que la humanidad tendrá que perecer. Podríamos cambiarlo, pero nos da güeva. Esa maldita indiferencia que nos ciega y nos convierte en actores pasivos de esta puesta en escena. En fin, ‘¿qué más da?’. Los alemanes de la saga hitleriana exterminaron a los de razas ‘impuras’; aquí sólo discriminamos a diestra y siniestra. Aquí la crueldad física pierde protagonismo frente a las agresiones psicológicas que nos vuelven una sociedad mecánica y resentida.

(La portada del libro está escaneada. No me había dado cuenta de que la tensión fue tal que casi la destrozo. O-o. Creo que necesito ‘terapia’…)

Descaro

Julio 9th, 2008 by wenperla

El año pasado hubo quien me reprendiera por no haberles avisado que era mi cumpleaños he de admitir que aunque el hecho de haberles avisado no hubiera cambiado en nada las cosas, ese tipo de detalles hace que uno se sienta ‘importante’. Pues bueno, esta vez no pasará inadvertido. No precisamente porque espero con avidez que me lluevan las felicitaciones ¿se han puesto a pensar que, neta, las felicitaciones no sirven de nada?, sino porque he identificado, con suficiente antelación, mi regalo meta: el Kindle

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Increíble pero cierto. Un libro portátil. Un dispositivo más delgado que un libro cualquiera en el que puedes leer cómodamente tooodos los libros que quieras. No sólo puedes comprarlos online. Puedes también tú cargarle tus PDFs. Puedes hacer anotaciones. Tiene diccionario, por si algo se te atora. Es una maravilla. UNA MARAVILLA. Todo esto por la módica cantidad de 359 dólares.

 Ya sé que vendrán los conservadores a decirme: “No Wen, eso nunca será como el papel. La delicia de recorrer una a una las páginas de un libro que huele a viejo… bla bla bla”. Modernicémonos. El papel seguirá siendo papel siempre. No va a ser desplazado por este tipo de dispositivos jamás. Pero hay que ser prácticos también y hay que entrarle a todo.

Haré todo tipo de campañas para conseguirlo:

Intrafamiliar: si entre hermanos y cuñados sumamos más de 18… de algo deberán servirme, ¿no?

En la chamba: que aunque no me den un carajo, al menos se den cuenta de que el secretariado bilingüe me conducirá, irreversiblemente, a pedir mi renuncia (¿cómo diablos puede alguien trabajar de este modo y no poder comprarse su Kindle????????????????????)

Con el galán: que… pensándolo bien… no sé qué me hace pensar que no sería buena idea… todavía no lo tengo bien amarrado. Imagínense nomás. No acaba de decidirse y luego le lanzo una de aquéllas: “Oh… cuánto anhelo un Kindle…” Va pensar: “mmm… interesada… igual que todas…” Y corro el riesgo de que no me resanen, jajaja. A los 23 no está uno ya para esos lujos. Okay, con el galán no.

En facebook: nunca falta un alma llena de amor ($$$) dispuesta a hacer el bien

Entre amigos: que se vea ($$$) la amistad

En el blog: que se vea ($$$) quién sí es fan

Tandas: si no funcionan los métodos arriba expuestos, me lo regalaré yo plan “¡justo ahora puedo comprármelo!”

Podría también renunciar y dedicarme a la comedia. Segurito me alcanzaría para mi Kindle

Resanar

Julio 5th, 2008 by wenperla

Ya a estas alturas todos hemos conocido al que nos dio en la madre. Por el que se nos partió el corazón. En el que creímos y nos enseñó que no es tan bueno confiar. Al que amamos como nunca volveremos a querer en la vida. Al que nos remitimos en los momentos cúspide de nuestra existencia. Al que buscamos en los ojos de otro sin encontrarlo nunca.

Ya todos estamos viciados. Ya nadie es virgen en ningún sentido. Ya vamos con fantasmas y demonios que nos sabotean a cada momento y en cada relación. Estamos a la defensiva. Ya no somos nosotros sino lo que quedó de nosotros después de aquél más lo que de aquél quedó en nosotros. Sí me explico, ¿verdad?

Entonces, a la luz de esta lógica… lo más sano sería buscar alguien que nos resane y a quien podamos resanar. Un mutuo acuerdo en el que ambos estemos conscientes de que nuestra función va a ser allanar un poco lo que tan accidentado está, nomás.

Yo, entonces, busco a alguien que me resane y a quien resanar.

Francamente hago todo mal. Si no logro entender cómo funcionan los seres humanos ‘en pareja’, me voy a morir sin saber lo que es una relación ’sana’. Un resane mutuo, pues.

A los escritores anónimos

Julio 1st, 2008 by wenperla

No sé si tiene mucho sentido postear sólo para explicar por qué no he podido postear. Qué terrible. Claro que tengo cosas que decir (a mí ni Dios padre me calla la boca), pero por abrir un blog para incultos cultivables ahora no puedo (ni quiero) venir a postear nomás de lo que se me ocurra.

No es que haya interrumpido mis lecturas. Todo lo contrario. Ahora leo más que nunca. El punto es… que no estoy leyendo nada que ustedes conozcan; de hecho, no estoy leyendo nada que nadie conozca: sólo el autor. He podido infiltrarme en el enriquecedorsísimo e ingratísimo mundo de la dictaminación.

Llegan todos los días infinidad de obras a las editoriales. Léase con atención: TODOS los días e INFINIDAD. Si lo sabré yo… y luego, he aquí un ejército de escritores anónimos que aspiran a ser publicados. La dinámica interna es más ruda todavía, ya que aunque el departamento editorial rescate un buen manuscrito, los departamentos de mercadotecnia y finanzas todo nos lo echan pa’trás. “Entiendo, pero no vende. No se aprueba”. Así entonces, llega un punto en el que nosotros, como por antonomasia, sabemos en qué nos es permitido creer y en qué no: hay textos muy buenos, lástima que no tengan potencial comercial. Y en la industria, como en todas partes, de lo que se trata es de vender.

A mí todo este circulito vicioso me da mucha rabia. Por muchas cosas. Yo no soy dictaminadora, sólo me dan a leer ciertos textos para externar mi opinión. Yo leo sólo aquellos libros en los que ya los directores creen, nomás necesitan un empujoncito: el que, en dado caso, les doy yo cuando creo en el proyecto. Y así es. Coetzee no vende ni 3,000 ejemplares EN 3 AÑOS, mientras que Jordi Rosado ya puede comprarse las Islas Caimán enteritas gracias a su Quiúbole. Así es esto.

Lo peor de todo esto es la postura de aquellos que vienen a dejar sus manuscritos. Escritores frustrados los más, profesionistas exitosos muchos otros y ociosos virtuosos los restantes. ¿Por qué permiten que sea alguien más quien determine si su obra vale o no la pena? ¿Qué diablos les hace pensar que si no se publica no vale la pena el esfuerzo de escribir? ¿Qué no saben que existen los blogs para que lleguen a canalizar esa necesidad incontenible de plasmar todo por escrito, y que con suerte enganchan a un par de lectores?

A ver, yo no entiendo. Si creen que publicar un libro es buen negocio están equivocados. Muchos escritores debieran sentirse afortunados por no acabar debiéndole dinero a la editorial luego de no vender un solo ejemplar. Sólo Jordi se hizo millonario con el Quiúbole… hasta Javier Marías, que es Dios (¡sí! ¡Dios!), tiene que hacerle a la docencia pa’ sacar su vida adelante.

Si creen que uno de los fines últimos de su vida es publicar sus memorias, su historia de amor, el recuento de los daños, la biografía reloaded del Che, o lo que sea, pos páguensela ustedes. Hay editoriales que tienen eso: ediciones de autor. Ellas les hacen todo, ustedes pagan. Y regalan sus ejemplares entre sus seres queridos. Y pueden morirse en paz, porque ya tuvieron su libro. ¿Qué tiene de malo?

Lo único que yo les digo es que duele ver los criterios con base en los cuales las editoriales deciden o no publicar algo hoy en día. Y luego tienes ahí en el teléfono, o personalmente en muchas ocasiones, a los autores tratando de convencerte de que su novela es la onda porque “es que usted no entiende señorita, me tardé 4 años escribiendo esta novela”, “yo vi al fantasma del que se enamora la niña”, “mi abuelito me contó que esto nadie lo puede saber”, “ya lo leyeron mis mejores amigos y dijeron que es mejor que Mafalda“, “¿hay alguna forma de hablar con el director editorial para exponerle personalmente las razones por las que les conviene publicar mi joyita?”, y así ad infinítum.

Imagínense yo cómo reacciono. ¿Que qué estoy pensando? Pienso: “no mamen, no rueguen, no sean tontos. Yo le he echado un vistazo a todas las cosas que llegan y sé que tienen talento. No dejen en manos ajenas la valoración de su propia obra. Para ustedes vale la pena. Eso debiera bastar cuando el arte mana del alma y del corazón. Váyanse ya y dense cuenta de que las cosas no son como debieran ser. Al igual que yo, si le generas dinero a la empresa te quedas, si no, no tienen piedad de ti. No pepenes. No tienes necesidad.”

 ¿Seré muy ruda, chicos? Es que duele, da rabia y desespera. Yo con mi diario y con mi blog soy muy feliz. Qué voy a andar ahí de puerta en puerta a ver quién me hace “el favor” de publicarme. ¿O será que… seré muy arrogante y no me he dado cuenta???

Nostalgia del oficio…

Mayo 28th, 2008 by wenperla

Estudié periodismo simple y llanamente porque el plan de estudios me gustó. Había mucho que leer, mucho que escribir, mucho que aprender —que a la larga ni fue tanto, pero eso qué más da—.

Hoy me hallo en la industria editorial. Sí, hago libros. Más bien, “hago libros”. Posicionarse aquí es más difícil que pegarle al gordo; son muy pocos los lugares y todo es rotación. Que si Random, que si Santillana, que si Planeta, que si el Fondo… en fin.

¿Desencantada? Sí lo estoy, y mucho. A mí, que lo que más me gustaría en el mundo es cuidar ediciones —cada coma, cada acento, cada punto en su lugar—, me entristece muchísimo la forma en la que se subestima a los lectores, y la belleza y el cuidado del texto quedan supeditados a otros factores, mucho más de índole comercial y mercadológico. “¿Qué más da si lo leen o no? Lo que importa es vender”.

Nunca he sido una persona pesimista. Todo lo contrario. Por ahí me han dicho que mi entusiasmo es inextinguible. Pero sí, sí se extingue. A veces lo importante no es seguir nadando, sino deternos a ver cuántas posibilidades reales hay de llegar a la otra orilla. Hoy creo que las pasiones son nuestras, y que mientras uno para sí las mantenga vivas, lo demás no importa. Viviré de las letras toda mi vida, aunque no precisamente de la industria editorial.

Y gracias a una de esas vicisitudes “afortunadas” (que sí lo fue, pero no lo suficiente como para quitar las comillas) cae en mis manos este libro, que debo leer, sobre el cual debo externar una opinión:

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Y me invade la nostalgia. Y recuerdo la carrera, y a todos aquellos compañeros que juraban y perjuraban que su máximo sueño en la vida era convertirse en corresponsales de guerra —van a disculparme, pero sigo sin creerles, jajaja—. Y me viene entonces a la mente toda la pasión de aquellos que genuinamente estudian periodismo por convicción. De aquellos capaces de entregarle a una redacción su vida entera. De aquellos que prefieren morirse oliendo a tinta que vivir en mejores condiciones. De los periodistas esos que parecen de película pero que están entre nosotros.

 Y en este libro se retoman las trayectorias de estos periodistas que la realidad importó de la ficción. Desfilan en el libro Truman Capote, el padre de la novela periodística —¿cómo olvidar A sangre fría?—; Ryszard Kapuscinski, el mejor periodista de todos los tiempos —luego de haberlo leído, ¿quién es capaz de olvidar aquello de que Los cínicos no sirven para este oficio?—; Bob Woodward y Carl Bernstein, sin lugar a dudas los periodistas más famosos del mundo —¿quién es tan buen investigador como para hacer dimitir a su presidente sólo valiéndose de sus hallazgos?—; Günter Wallraff, el mejor impostor de la historia periodística —y su Cabeza de turco—; y Gabriel García Márquez, entre otros.

Y pfff. Claro que me invade una nostalgia tremenda. ¿Y si me atreviera a ser periodista? ¿Qué no para eso estudié? ¿Y si dejara para la posteridad reportajes, crónicas y entrevistas romanceadas, en vez de este humildísimo blog que se nutre de pura ficción? ¿Y si reconociera que no es aversión, sino miedo, lo que me genera el periodismo?

Alguna vez les dije que para escribir hay que ser valientes. Hoy creo que para ser periodista se requiere mucho más que valor. Tantos periodistas que van por ahí como superhéroes anónimos, cuya mayor satisfacción —y en la mayoría de los casos, la única— es fungir como el intermediario entre el mundo y quienes lo habitan.

“Realmente no se ven las cosas muy claras si todo está en calma. Sólo en tiempos de convulsiones, conflictos, tensiones, la situación se esclarece. Y puede verse entonces el mecanismo histórico. Y puede verse entonces el mecanismo de la historia. Lo que a mí me interesa es el quehacer histórico. Y el quehacer histórico es un proceso trágico y doloroso. Mi tema es la tragedia de la historia […] Lo único que vale la pena es escribir. Todo lo que no sea escribir, o prepararse para escribir… es… Lo que pasa es que ninguna otra actividad me hace más feliz…”

+R. Kapuscinski+

Traigamos un poco de aquello para lo que me formé a este blog. Seguramente me faltan agallas para ser lo que soy. Pero me sobran ganas de escribir al respecto.

¿Eres feliz?… ¿o eres “feliz”???

Mayo 21st, 2008 by wenperla

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Escrita en 1932, esta novela permanece tan vigente como 1984 de Orwell. Cada una a su modo, claro; ésta, quizá, con un toque pícaro e inocente. Y más del estilo de lo que a mí me gusta.

Apenas he recorrido algunas páginas, no he llegado aún a la mitad. Pero me urgía venir corriendo a postear: porque no me gusta abandonar el blog y porque no quiero ni pensar que pudieran olvidárseme estos dos temas que quiero poner sobre la mesa.

Independientemente del tema sobre el que escriba, Nabokov siempre te hará reír. Siempre. Yo lo estoy leyendo por intermitencias en la oficina créanme que es mucho más provechoso que cualquiera de las cosas que “me corresponde” hacer, y siento que en cualquier momento me mandan al psicólogo de las carcajadas que se me escapan “sin razón aparente”.

La novela se llama Risa en la oscuridad. No sé qué tan conocida sea o no, el hecho es que podríamos considerarla una novela corta y por lo tanto es más sencillo tomar la decisión de comenzarla. De verdad que no tengo ni idea de lo que vendrá después, pero hasta el momento me aventuraría a decir que el nombre es una ironía divina: Risa en la oscuridad. Risa es luz, ¿qué no? Y cuando uno ríe en la oscuridad, es como si no riera y no hay que ser literales, por favor.

¿Y cuál es la ironía que plantea el libro? ¿En qué se parece tanto a la vida? En la ironía aquella de ser “feliz” y no feliz. Deténganse un segundo en seco, mente en blanco. Llega alguien, quien sea, y te pregunta, “¿eres feliz?” No lo piensas… ¿qué contestas? Contestas, sin lugar a dudas, “sí”. Yo lo he hecho, infinidad de veces. Además, es más sencillo, ¿no? Pero lo que importa no es lo que se responde ante una u otra pregunta. Eso qué más da. Lo importante, por el contrario, es la conciencia que tenemos de nuestra “felicidad” frente a la verdadera felicidad. (Cóño, qué zen ando…)

Por un lado, entonces, tenemos un protagonista que lo tiene “todo”: una esposa buena y amorosa, una hija de 8 años, una fortuna cuantiosa, etcétera como tantos y tantos de nosotros que, si nos comparamos con los menos afortunados, también lo tenemos “todo”… pero que sólo es “feliz”. Y él está consciente de su “felicidad”, y le da pavor averiguar a qué sabe la felicidad.

Y luego, la historia se pone más interesante cuando la verdadera felicidad viene de la mano con algo que, desde la perspectiva de nuestro protagonista, es terrible y pérfido: la infidelidad. Y tenemos aquí a un hombre que ha estado instalado en la monogamia por 9 años y no lo tolera más. Y su desesperación ocupa sus noches y sus días. Pero es “feliz”. Y un buen día aparece ella, una adolescente, que le hace sentir todas esas cosas que para él representan la verdadera felicidad. (¿Y me van a decir que Nabokov no tenía un poquitín de Humbert Humbert en las venas???)

Y apenas vamos labrando el camino de la lectura, abriéndonos paso entre capítulo y capítulo, y ya tenemos una trama interesantísima que nadie sabe adónde irá a parar. Suena raro, ¿no? Resulta hasta chistoso y enternecedor pensar hoy en día en un hombre que, luego de haberle sido fiel a su esposa por tantísimo tiempo, siente un remordimiento de conciencia terrible por haber caminado al lado de la chica que le despierta tantas pasiones a las que nunca les ha dado rienda suelta.

Hay un hombre casado que me gusta. Cómo me gusta. Y vaya que es recíproco. Y luego… pensando en lo que convendría hacer… esta frase la escuché más de 5 veces: “pero el casado es él, no tú, así que vas”. Y no fui, pa’ qué les miento haciéndome la interesante. Y este hombre… lindo… se lacera todo el tiempo por pensar en otra. Por sólo pensar. Cómo han cambiado los tiempos…

Puesta en escena de un novelón

Mayo 12th, 2008 by wenperla

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No tengo el libro a la mano, así que apelaré a mi memoria muy mala ella, para qué negarlo.

Primer escenario

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Un buen día, quién sabe cómo, Él se entera de que la primera esposa de su padre, la hermana de su madre, se suicida al volver de su luna de miel. Se abrió el pecho, se buscó el corazón, se dio un tiro. Nadie supo nunca por qué. 

Segundo escenario

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Él está en su luna de miel, en La Habana. A raíz de la verdad que le fue develada, tiene un presentimiento terrible. Está en la zona de riesgo. Está en el momento propenso para la tragedia. Entonces, Él y Ella presencian una discusión entre un español y su amante cubana.

Mátala

¿No hago suficiente dejándola morir poco a poco?

Mátala y sé mío. O me mato yo.

Evento coyuntural que pone muchas cartas sobre la mesa: la infidelidad, el chantaje, el engaño, el sexo, la moral corrompida de forma consuetudinaria. ¿Ellos? Sólo testigos.

Tercer escenario

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Regreso a Madrid. Ella decide dedicarse a su casa. A su casa de los dos, válgame la barbaridad. Ya no son dos, son uno. Él, intérprete y traductor de las Naciones Unidas igual que ella, pero ella lo ha dejado. Sus viajes: Ginebra, Nueva York.

En Nueva York su amiga, también intérprete de la ONU, practica el deporte de las citas a ciegas. Por correspondencia. Se manda fotos, videos. Se escribe cartas. Se siente sola. Un tipo nuevo, un español. Un hjo de puta. Su nombre: Arena Visible. Un video del torso nunca del rostro: “discúlpame, trabajo en una arena visible. Necesito verte, desnuda. Tus tetas, tu coño. ¿Que cojeas? ¿Qué tanto? Necesito verte. Caminar. Todo. Si no te interesa, déjalo. Pero a mí no me verás sino hasta que yo te vea antes”.

Él, cómplice de su amiga. La graba en video.

Temas expuestos: la vida de los intérpretes y los traductores, los congresos, el mundo intelectual, las farsas y las poses. La necesidad de que todo se traduzca, sin importar si lo que se traduce es o no relevante. Luego: la soledad, las relaciones a ciegas, el sexo por placer, la ‘emoción’ adolescente, la inestabilidad emocional, la manipulación, la permisividad, el misterio, la mentira, la incertidumbre, la complicidad.

¿Les suena familiar? ¿Ciber-relaciones, acaso? ¿Facebook? ¿Hi5? ¿Chat? ¿Messenger? ¿Webcam?

Cuarto escenario

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Madrid. Las dudas que laceran, la incertidumbre que carcome. La búsqueda de la verdad. La vida de Ranz, su padre el único nombre que recuerdo, está circunscrita por el misterio. No quiere saber, pero no soporta no saber. Entonces, sabe: la primera mujer de Ranz no fue su tía, aquella que se suicidara, no. Antes hubo otra. ¿Por qué se suicidó la segunda? ¿Quién fue la primera?

No sé si contarles el final, mejor voten. ¿Quieren leerla y que no les arruine yo el final, o se los cuento de una vez? De todas formas, recordemos que Marías es un escritor del cómo, no del qué. Así que a pesar de todos los qués aquí expuestos, que suficiente razón son para leerlo, el cómo es lo más exquisito. Contarles el final no arruinaría la historia.

Se acaba Corazón tan blanco. La vida sigue, y este blog también.

[Mi] Corazón tan blanco. Parte I.

Mayo 9th, 2008 by wenperla

Íbamos en el metro. Era Madrid.

—Sólo tú cuentas las cosas con tanta facilidad. Hay ciertas cosas que, simplemente, no se le cuentan a nadie.

—¿Cómo que a nadie? Qué dramático.

—A nadie.

—¿Hay algo que tú no le hayas contado a nadie?

—…

—¿Eh?

—Algo…

—Cuéntame.

—No, Wen. Es algo que nunca te diría. Nunca. No insistas.

—¿Pero por qué? ¿Nunca?

—No, Wen. Porque cambiaría la imagen que tienes de mí. Porque te perdería. Porque no tolerarías saberlo.

—No digas estupideces. Te amo. Con toda mi alma. Te amo por lo que eres ahorita, no por tus secretos.

—No insistas. Por favor. Nunca. Créeme si te digo que hay mucho en juego. Y finalmente ahora no importa.

—Sobredimensionas. Eres mi vida, tonto. No me cuentes si no quieres. Pero en serio, te quiero por lo que eres y por lo que siento a tu lado. No por lo que callas sino por lo que haces. No por lo que fuiste sino por lo que somos.

—Serrano. Ya llegamos. Vamos.

Cuando esto pasó me pareció bastante melodramático. Los nuncas y los nadies suelen serlo. “¿Cómo podría yo dejar de amarte, tonto?”, “¿Qué no ves que he dejado mi vida por ti?” Esto me pregunté. Nunca volví a insistir. Pensé, quizás, que se hacía el interesante. Han pasado ya los años. Esta historia terminó (en teoría, pero no en la práctica). Yo nunca he vuelto a decir “te amo”.

Y ahora que leo Corazón tan blanco me pregunto… ¿y si sí? ¿Y si sí hay confesiones con las que no se puede vivir? ¿Y si sí hay secretos que lo destruyen todo? ¿Y si sí hay secretos que matan?

¿Y por qué no lo contaste entonces, para agilizar el trámite del olvido? ¿Y si me lo cuentas ahora, a ver si así te saco de una buena vez y para siempre de mi corazón?*

Piensen ustedes. Piensen en quien más aman. Piensen si algo en su pasado cambiaría lo que sienten: para con ellos, para con ustedes mismos. Si tuvieran la oportunidad de saberlo todo respecto a la persona que aman… ¿la tomarían? Quizá no. Probablemente optaran por seguir sin saberlo. Por el miedo aquel de que las cosas cambien. Porque no se está casi nunca preparado para decir adiós.

Así comenzamos esta historia.

(*No se angustien. Él no sabe que tengo un blog. Él no se para por aquí. Él se quedó en Madrid. En Madrid no leen Puras Letras.)

Pausadamente

Mayo 6th, 2008 by wenperla

Hay muy pocas cosas en la vida que, de tan buenas, deben sorberse poco a poco. A pesar de ser ésta una necesidad prácticamente imperiosa e irrefutable, casi siempre se complica. ¿La razón? Sencilla: porque las mejores cosas siempre queremos bebérnoslas de golpe; atascarnos, pues. No sé yo si la obligatoriedad de que abordemos estas experiencias con calma deriva de que mientras más pronto te lo acabes, menos tiempo lo disfrutas. Tengo otra hipótesis, ésta quizá más acertada: si te atragantas sin pensarlo, te quedas con el todo. El todo es lo que te tragas. Por el contrario, si lo hacemos poco a poco, nos deleitamos en los detalles, en las minucias, en las acotaciones. A la larga, creo yo, quedan mejor resguardados en nuestra memoria los paréntesis que las líneas al aire. Si tuviera que ser honesta, diría que soy atascada (sí, sin duda). Pero a veces hasta los atascados como yo nos damos cuenta de que hay que hacer una pausa, de que hay que frenarnos de golpe e irnos por la lateral. ¿Por qué? Porque a pesar de la hermosura del todo en conjunto, los detalles son los que quedan para la posteridad. Tómenlo o déjenlo, con este libro así tiene que ser. ( [Esa] necesidad prácticamente imperiosa e irrefutable…)

Seguramente me atasqué con la novela. Lo que no voy a permitir es que se atasquen ustedes también. La voy a triturar. La voy a desgajar. Para que vean por qué Javier Marías es JAVIER MARÍAS. Para que vean cómo es posible hacer de un capítulo una novela y de una novela una obra maestra. No acabaríamos nunca de desmenuzar esta novela si lo hiciéramos a conciencia, si lo hiciéramos detenidamente. Démonos unos dos o tres posts, sólo eso, porque lo merece.

A modo de introducción, les contaré algo personal. Soy una persona muy ‘diferente’. Por muchas cosas. Porque me choca que los chicos me traten como creen que deben tratar a ‘las niñas’. Porque de tan abruptamente honesta no digo la verdad, la ‘vomito’. Porque soy optimista incluso ante las situaciones más catastróficas e irreversibles. Porque no desconfío de la gente ni haciéndome el firme propósito de desconfiar. Pero, sobre todo, lo que me hace distinta del resto de las personas que conozco en mi vida, lo que me hace única para toda la gente que me rodea, es que no tengo un solo secreto. No lo tengo. Uno solo. Toda mi vida está repartida entre la gente que ha recorrido conmigo uno u otro trecho del camino. No me quedo con nada. No me siento ni en riesgo ni vulnerable. No tengo nada que ocultar. No sé identificar el umbral entre lo contable y lo íntimo. Quizás ahora no lo cuente todo, pero si me lo preguntan, lo cuento. Será, tal vez, que a lo largo de los años va extinguiéndose esa hermosa capacidad de emocionarnos por todo, señal inequívoca de que vamos haciéndonos viejos. Y bueno, todo este preámbulo para decir dos cosas:

1. Si no se dicen, las cosas no pasan.

2. Tener secretos es obligatorio. Hay cosas que no deben contarse. Hay cosas que no queremos saber. Desvelar estos secretos puede destrozarnos la vida.

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***

(Bah, quizá por eso lo cuento todo. Porque no tengo secretos de tal envergadura…)

Inclasificable

Abril 30th, 2008 by wenperla

Al igual que ciertas cosas que simplemente no podemos echar en ningún cajón porque de plano no pertenecen ni a uno ni a otro (ni es calcetín, ni es cinturón, ni es tobillera, ni es bufanda; sabemos que es una prenda, algo así como una corbata que más bien parece chalina y además te amarras en la cintura pa’ que se vea mejor), pero las tenemos cerca de esos cajones porque nos da la impresión de que por ahí van, hay novelas que no podemos colocar en ningún lado. Sabemos que es novela, pero no es como ninguna otra; ni mejor ni peor, pues, simplemente no es como las demás. Eso es el Diccionario de nombres propios de Amélie Nothomb.

Me gustaría enumerar los aciertos del libro. Es un ejercicio interesante porque podemos percatarnos de cuándo es que un editor hace bien su chamba. Comencemos.

1. Sin lugar a dudas, la portada es el mayor acierto del libro. Ahora mismo verán por qué:

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Es una hermosura. Un libro ante el cual no podemos permanecer indiferentes. Y bien, es aquí donde entra en juego el segundo factor:

2. El título. “¿Diccionario de nombres propios??? Mmm… ¿¿¿DICCIONARIO DE NOMBRES PROPIOS??? Ohhh… No sé qué sea, qué pueda decir, pero es una novela de Anagrama, con un gran título y, sobre todo, con una portada excepcional. Me lo llevo”. ¿A poco ustedes no se lo hubieran llevado???

Y ya sé que a estas alturas pensarán que si he ensalzado tantísimo el título y la portada es porque la novela me pareció una verdadera tragedia, jajaja. Pues no, tampoco.

Imagínense un cuento de hadas, con brujas y todo, con una protagonista bastante particular, cuyo nacimiento estuvo enmarcado por un asesinato y un suicidio (perpetrados, ambos, por la madre: primero se echó al papá, luego tuvo a bien suicidarse), dotada de una belleza extraordinaria, rara, esbelta. ¿Su nombre? Plectrude. Y su nombre es el motor del libro, en torno al cual gira todo lo demás: lo bueno, lo malo, lo mágico, lo inverosímil.

Yo la disfruté muchísimo, la leí en 3 horas. No puedo platicarles la trama porque los hilos conductores a simple vista “claros”, van a dar a sólo-Dios-sabe-dónde. Es un experimento interesantísimo porque es una novela completamente distinta a todo lo que he leído antes. Como ya les dije, el trabajo editorial es impecable y es un ejemplo clarísimo del peso que tienen una buena portada y un buen título.

Sólo hay un problema: el final. ¡Qué cosa más decepcionante!

Cultura en Facebook

Abril 27th, 2008 by wenperla

No sé qué sea más adictivo, si el blog o Facebook. Lo que es un hecho es que, definitivamente, ambos son impedimentos grandísimos para que mi vida transcurra de forma tradicional. A pesar de haber descuidado este blog por varios meses desde que comencé a trabajar mis 8 horas diarias, he sido adicta a él por mucho tiempo (por razones obvias). En lo tocante al Fb, tengo bloqueadas prácticamente todas las aplicaciones; supongo que lo que me ha convertido en fan es la sensación esa de que tarde o temprano a través de Fb recibiré la noticia que cambiará mi vida y me convertirá, de forma automática, en la protagonista de un cuento de hadas, jajaja.

El Fb tiene sus cosas malas, como todo. La peor, sin lugar a dudas, es que ya no puede uno salir a tomarse unas copas y bailar a gusto porque hay 7000 escuincles fresas por todo el lugar tomándose fotos una y otra y otra y otra vez. Como si lo más importante hoy en día fuera salir para llegar a casa, a las 5am, a subir esas fotos. ¿Qué importa si me divertí o no? No, de lo que se trata ahora es de “que todo Facebook se entere de que voy al Bull, al Clásico, al Rívoli, etcétera, etcétera, etcétera”. Wácala. La culpa la tengo yo por meterme en esos lugares. Pero bueno, se acabó, no más fresas ni flashazos por doquier los fines de semana. Así tenga que bailar en la avenida, no pienso padecer el síndrome Facebook nunca jamás.

Bueno, todo esto nada tiene que ver con este blog, pero de algún modo tenía que comenzar. Me pregunté  varias veces si debía o no hacer este post, y creo que la ponderación final dio como resultado un “por supuesto, postéalo”. Descubrí en Fb hace un par de semanas algo que se llama Visual Bookshelf. Está increíble. Se ve más o menos así:

 visual-bookshelf1.jpg

Como podrán darse cuenta, aquí podemos poner qué libros hemos leído, qué libros queremos leer y qué estamos leyendo en este momento, entre otras cosas. Por supuesto, podemos escribir lo que queramos respecto a cada uno de los libros que agreguemos, en cualquiera de las categorías. Hay incluso foros de discusión, que yo no he estrenado y que todavía no sé ni usar.

Podemos ver qué están leyendo nuestros amigos y sus respectivas recomendaciones. Si somos ociosos y queremos perder el tiempo jugando en la computadora, por qué no entretenernos con los tests de esta aplicación, en vez de estar comparándote con tus cuates (”¿Soy más sexy que Adriana? ¡Vota por mí!”, jajaja) o marcando en un mapita cuántas ciudades hemos visitado (¡por el amor de Dios!!!). Yo no muy ociosa soy porque me explotan en la oficina, y el tiempo libre que tengo lo sigo empleando para el blog, pero en cuanto tenga tiempo haré uno de esos tests para tronar como palomita en microondas, jajaja.

Es importante tener en mente que habrá muchos para quienes esta aplicación sea, como muchas otras cosas, un medio para farolear y mostrarle al mundo lo “Cultísimos” que son (ándenle… digamos que mientras los fresas se toman fotos pa’l Facebook, los nerds consultarán sus cuadernos de literatura desde la preprimaria para poner en el Bookshelf toditititititos los libros que han tenido en sus manos desde que tienen 3 años), pero hasta eso es divertido, ¿no?

Me da mucho gusto, de verdad, que redes virtuales como el Fb contemplen entre sus aplicaciones algunas relativas a la lectura, que tengan de respaldo a un gigante como lo es Amazon (pos sí, ¿qué pensaban que no había intereses de por medio?), y que haya cada día más gente afiliada. A mí la verdad me ha encantado, y aunque sigo prefiriendo el blog, este rollo del Bookshelf me parece extraordinario.

La pregunta es… ¿es suplantable el blog por una aplicación así? Mejor dicho, ¿Puras Letras es catafixiable por el Bookshelf de Facebook? Podríamos pensar que  de nada sirve ya el blog si podemos simplemente integrarnos a esta dinámica perfectamente armada por genios de la informática, donde podemos hacer exactamente lo mismo que en el blog (subir libros, comentarles, recibir comentarios e interactuar con los usuarios).

Serán peras o manzanas, quién sabe, de todos modos no dejen de visitar éste su blog para incultos cultivables, y de cualquier manera agreguen esta aplicación a su Facebook. Abran su Facebook si es que no tienen. Ah, y de una vez agréguenme al Facebook, que entre blogueros y lectores mientras más fluya la comunicación mejor.

El lector

Abril 23rd, 2008 by wenperla

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No cabe duda de que la realidad supera la ficción. Siempre. Y no es que vaya yo a hablar de la realidad, no. Voy a hablar de ficción. Lo que pasa es que acabo de enterarme de que la ficción esta que tan fascinada me tiene es, nada más y nada menos, una novela autobiográfica.

Cuando la Feria del Libro del Palacio de Minería, me regalé Anagrama. Una quincena entera en Anagrama (que bueno, mi quincena, como deben saber, no mucho es). Y he devorado ya dos de mis adquisiciones, y ambas han resultado exquisitas. Hay un abismo entre ellas, eso sí, pero eso se verá sobre la marcha.

Si les gusta leer y, además, se inclinan por esos libros a los que La Crítica ha tenido a bien denominar “clásicos”, más de uno debe ya haber leído el LIBRAZAZAZAZAZO de Bernhard Schlink: El lector.

Cuando compro un libro, procuro no leer las contraportadas. Hay ocasiones en las que es imposible evitarlo, por ejemplo, cuando tienes en las manos Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí… ¡Coño! ¿Qué se hace en esos casos? Pues bueno, las lees, aun cuando seas una calamidad y de cualquier modo acabes comprando los dos, como yo. Ni hablar.

Yo no leí la contraportada de El lector, nomás lo compré. Y no fue, tampoco, mera casualidad. Había un chico pululando por ahí:

Disculpa, ¿puedo hacerte un comentario?

Ajá…

Veo que llevas varios libros, pero te falta uno. Neta, llévate éste… no te vas a arrepentir.

Y me lo llevé. Y vaya que no me arrepentí.

Una historia de la Alemania de la segunda posguerra. Un adolescente que se obsesiona con una mujer de treinta y tantos y con la que luego sostiene una relación. Esta mujer, de temperamento fortísimo, de conductas incomprensibles, de reacciones inconfrontables, de proporciones extensas pero exquisitas, un buen día se va sin dar explicación alguna.  

Nuestro adolescente, que para entonces ya roza la adultez, aprende a no martirizarse con la incertidumbre y se incorpora, de pronto y sin más, a la etapa que le toca vivir. Nunca, nunca, NUNCA deja de pensar en ella. Pero así nos pasa, ¿no? Hay algunos que, irremediablemente, llevamos tatuado en la memoria el recuerdo de alguien, y no importa cuántos otros álguienes lleguen… ESE alguien nunca se va. Carajo.

Y bien, el tiempo pasa, y nuestro personaje estudia una carrera. Retrato de nuestro autor, opta por el derecho. Y entonces, siete años después de haberse despedido consigo mismo de aquel tórrido amor, se halla a aquella mujer en un juicio de crímenes de guerra. Y no, no es ella ni juez ni testigo, ni periodista ni guardia, es la acusada. Y, ¿por qué no decirlo? Acusada culpable de muchas cosas, mas no del crimen que ahí se le imputa.

Pensaba no contarles el final para no arruinar la historia. Pero, ¿qué pensarían si les digo que aun cuando les cuente el final no revelo lo más sorprendente de la historia? Ella es hallada culpable, él intenta intervenir indirectamente, pero fracasa. Además, hay que decirlo, tampoco muchas ganas tenía de ayudar.

Pasan los años. Él, efectivamente, se sorprende ante su indiferencia, ante su insensibilidad, pero no fuerza nada. Se casa, tiene una hija. Se separa. Ya muchos años después, cuando ella ya huele a anciana, le conceden un indulto, y es a él a quien le piden la ayude a reintegrarse a la libertad. Sólo una vez la vio antes de su liberación definitiva; y nunca más volvió a verla, al menos no con vida. Quizás porque olía a anciana. La historia termina en suicidio, pero no es el final. Ni es lo más interesante.

Este libro nos remite a muchísimas cosas. Partiendo de una historia impecablemente estructurada y narrada, nos adentramos en nuestros propios demonios. El sexo y la obsesión, las partidas inexplicables y los adioses nunca dichos. La coraza de insensibilidad que portamos de forma inconsciente y la forma en la que nos sorprendemos a nosotros mismos cuando, a cierta edad, no nos conmueve ya aquello que nos arrebataba lágrimas en cuestión de segundos. El suicidio y la culpa. Y, sobre todo, la lectura como combustible para el motor de la existencia.

Si no es así, díganme entonces, ¿por qué habría de llamarse El lector?

Acotaciones indispensables

Abril 21st, 2008 by wenperla

Quieren posts de calidad… se los daré. Además, con eso de que cada día son más los detractores anónimos que vienen a menudo para manifestar lo fácil que es generar animadversión entre lectores, no puedo darme el lujo ya de venir a postear porquerías.

 Antes de comenzar, por supuesto, me permitiré un par de acotaciones.

 1. Definitivamente, a los 23 años, a un año de haber terminado la carrera, y cuando los vínculos familiares y amistosos no dan pa’l nepotismo (del que de veras, nunca he sido partidaria, pero a veces qué bien me haría llamarme Wendolín Slim), de lo único de lo que se es director es, por ejemplo, de un blog. Ése es mi caso. Imagínense cómo me siento de tener tan desatendido el único changarro que verdaderamente me pertenece. Terrible.

2. Se preguntarán ustedes que a qué obedece tanta falta de atención, si sólo “asisto”. En teoría sí, ¿no? Soy asistente editorial. Así me llamo. Eso dicen mis recibos de nómina y la tarjeta con la checo todos los días. Pero… MUCHO OJO: las denominaciones de las vacantes suelen ser meras formalidades, un gancho para incautos ávidos por hallar chamba (ajá, como yo), y dejándonos llevar por esto perdemos de vista un sinnúmero de asuntos importantes. Si mi puesto no se llamara “asistente EDITORIAL”, yo nunca hubiera aplicado. Y heme aquí, fungiendo como un híbrido perfecto, una mezcla homogénea entre asistente editorial, asistente de dirección, asistente personal, asistente de finanzas, coordinadora burocrática, gerente de trámites engorrosos pero necesarios (eso dicen), relacionista pública, editora cuando atiendo citas ajenas, agente de viajes cuando los jefes se van, traductora en caso de choque cultural, intérprete en caso de rispideces, en fin. Pero bueno, esta multifuncionalidad me convertirá, sin duda, en un bien preciadísimo en el mercado laboral… ¿verdad?!?!?!?!?!

3. Y ésta será, al menos por ahora, la última acotación. Ser una persona de letras no es cosa sencilla. Uno tiene que ir labrando su camino a cada paso. Y un ingrediente sin el cual no se puede hacer NADA, es la inspiración. Y me he hallado, a lo largo de estos meses, en una posición más bien contemplativa, sin inspiración ni valor para sentarme a escribir. He leído, eso sí, pero las veces que me he sentado frente a la compu con la firme intención de crear algo para ustedes, para mí… coño, no he podido. No sé cómo empezar, no sé qué decir, no soy capaz de idear un hilo conductor, no lo sé. Pero esto así es. Y ahora, por ejemplo, sólo quiero escribir. Sí, sobre todo aquí, pero también para mí, en mi diario (oh sí, qué ñoña), escribir mails, cartas, qué sé yo. Ojalá fuera un poco más valiente y me decidiera, de una vez por todas, a comenzar mi carrera de ridículos literarios, pero no sé ni cómo. No muy bien entiendo cómo puede disfrutarse lo que se lee si no se es capaz de escribir. Pero ahora estoy inspirada, y si bien no es justificación, podrán imaginarse que no es sólo la carga de trabajo la que me ha absorbido… si la combinamos con esta deserción ante la cual no queda más que ser paciente… la verdad es que muy difícil era venir aquí y verter algo de provecho.

 Uff… y bueno, de entrada tengo dos libros de los cuales postear. Geniales. No les adelanto ni el nombre. Si he de ser sincera, la verdad es que pensaba comenzar con uno de una buena vez, pero me he extendido ya demasiado y no quiero agobiarlos. Podría también considerar la posibilidad de borrar todo lo que hasta ahora he escrito e irme directo sobre la obra en cuestión, pero nada de lo que aquí he escrito es prescindible, así que dejaré pasar un par de días antes de hablar de dos libros que, de verdad, valen la pena.

Sólo a mí se me extienden tanto las acotaciones = (

De cuánto me he perdido…

Abril 1st, 2008 by wenperla

por no haber incursionado antes en la poesía. Ábranle la puerta, es extraordinaria:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche. 

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente. 

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca. 

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra. 

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días. 

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema? 

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido. 

+J.L. Borges+

Metáfora del oficio

Febrero 28th, 2008 by wenperla

Hace un par de días le decía a mi jefe que siento que puedo dar más, que el puesto no me exprime todo el jugo que sé podrían sacarme. Que a veces me desespero un poco. Que sí, estoy ocupada todo el día, pero eso no quiere decir que las tareas que desempeño implican un reto constante. Que disfruto más todo lo que hago al margen de lo que tengo que hacer.

Y, como es maravilloso como persona y como editor, y como todos los jefes son jefes por algo, me dio una gran lección.

—Mira, Wen. Toda vida es como una carrera literaria. Y te lo digo así porque es lo que mejor conozco. Piensa en un escritor que comienza. ¿Qué pasa? Hay de dos: existen aquellos que no se dan cuenta de la obra maestra que crearon, y difícilmente puedes convencerlos de que así es, y viven apocados, sin darse cuenta del verdadero talento que tienen. Y luego, por otro lado, tienes a aquellos que sienten que ningún editor los merece. Que quienes les han rechazado sus manuscritos son pendejos y no se dan cuenta de la maravilla que escribieron. Y luego, a la larga, parece ser que ni editorial necesitan porque ningún sello está a la altura de su obra. ¿Captaste el mensaje?

—Ajá… que no me crea demasiado buena, ¿no?

—Así es.

Crónica de un deleite

Febrero 24th, 2008 by wenperla

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Los invito, de todo corazón, a la Feria del Libro del Palacio de Minería. Es exquisito. Es el ir y venir incandescente de lectores ávidos por hallar lo que no tienen en mente. Son un sinfín de editoriales que te sorprenden o bien con novedades inéditas, con reimpresiones recientes, con descuentos extraordinarios o con todo a la vez.

En el patio central destacan tres monstruos: Océano, Random House Mondadori, Santillana (Random House y Santillana se rifaron, llevaron buenos títulos y excelente exhibición). En el ala izquierda, el Fondo de Cultura Económica. En el ala derecha, las publicaciones de la UNAM. En línea recta, hacia el fondo, nos hallamos con la explanada de Planeta, que no muy buenos descuentos estuvo dispuesta a ofrecernos. Pero, el mejor rincón de todos lo tiene Colofón. Al fondo, en el rincón posterior izquierdo, nos hallamos Anagrama y Siruela, entre otros sellos editoriales de élite, con un fantástico 30% de descuento.

 Basta subir las escaleras para hallarnos un par de metros cuadrados correspondientes a Sexto Piso, editorial en la que mucha fe tengo y a la que considero debiéramos apoyar. Darle chance a ver si nos sorprende. Dándole la vuelta a la planta superior nos hallamos con publicaciones periódicas que no muy de mi agrado fueron, pero esto es porque soy ñoña y vivo atrapada en la ficción. A ustedes seguro les gustará.

De forma paralela, esta Feria excepcional está acompasada de presentaciones y de encuentros culturales. A pesar de que hice, en su momento, las relaciones públicas de Alfaguara, a mí no mucho me gustan. Ni se me antojan, pues. Me parece que las presentaciones de libros han caído, en más de un sentido, en la obsolescencia, y prefiero invertir mi tiempo quitando y poniendo libros de los anaqueles de Anagrama y Siruela. Contemplando todo aquello por lo que me muero y cuidando con férreos sistemas de seguridad aquellos libros que puedo hacer míos desde ya.

 Invertí ahí 6 horas ayer y no he tenido suficiente. Tendré que regresar el próximo fin de semana a mi rinconcito aquel, y a pulular otro par de horas para darle chance a la Feria de que siga haciéndome feliz.

Vayan.

Rius tiene competencia

Febrero 1st, 2008 by wenperla

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Éste fue Quino en ¡A mí no me grite! 

¿Cuál les gusta más? Éste es demasiado abstracto… pero cómo echa a volar la imaginación. A mí me ha encantado. Con esto que les puse me he reído bastante.

Nunca me había dado la oportunidad de explorar a los moneros. Tienen un talento extraordinario y son una herramienta infalible para mitigar el estrés. E imaginas. Y atas cabos. Y te diviertes. Y lo pasas de pelos.

Maestrazo

Enero 30th, 2008 by wenperla

A mitad de uno de esos trámites administrativos que tanta emoción me producen, me topé con el Manual del perfecto ateo, de Rius. En parte por la coyuntura tan aburrida en la que me hallaba, otro poco por curiosidad. Pero, sobre todo, siguiendo los consejos de alguien que virtualmente se ha ganado mi cariño, mi admiración y mi confianza, me aventuré a la lectura.

Qué gran decisión.

Hablando de la biografía de dios (así, con minúsculas) nos topamos con esta ingeniosa introducción:

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Es la primera vez en mi vida que el tiempo de espera para un trámite administrativo se me hace corto. Cómo me he reído.

Y, por si fuera poco, también se aprende. Y mucho. Trataré de tropezarme más seguido con Rius y sus ocurrencias. Es una lástima (quién sabe a qué obedezca) que haya tantas erratas ortográficas, pero en fin… ya lo saben, cosas de correctores. De cualquier modo, las erratas son lo de menos. Es grande.

¿”Arte”?

Enero 28th, 2008 by wenperla

sade.JPG 

Ya sé que es subjetivo. Ya sé que nadie puede imponernos qué es arte o qué no lo es.  Ya sé que cada quien lee lo que quiere, y si le agregamos a esto la coyuntura económico-social en la que nos tocó vivir, el simple hecho de leer ya es bueno per se.

Ahora, una cosa es Juan Domínguez y ya saben cuál es la otra. Pululando por una librería (oh, qué triste, ahora que no he tenido tiempo para leer me limito a pulular) me topé con un libro del marqués de Sade. Ah, ya sabemos qué poco perspicaz puedo llegar a ser sin esforzarme, jajaja, así que decidí aventurarme en su literatura.

Ahora sí… ¿¡¿¡¿¡qué diablos?!?!?!?! ¿Literatura??? Si a ésas vamos, ¡este blog podría consagrarse en cualquier momento como una de las obras de literatura universal más aclamadas del siglo XXI!!! ¡Por el amor de Dios! ¿Lo han leído??? Ahora desafortunadamente no tengo tiempo, pero si alguien nos regala en un comentario algún fragmento de sus obras mucho lo agradeceré.

Para hablarles un poquito más de él, Donatien Alphonse-François de Sade era su nombre completo. La referencia más breve y concisa que podemos hallar a su respecto es la siguiente: aristócrata y filósofo francés y escritor de pornografía violenta. Era un filósofo de extrema libertad [y la enciclopedia agrega entre paréntesis] (o al menos libertino) [jajaja, “al menos”] desafiante de la moral, la religión o la ley. El placer personal era el principio máximo para él.

Para abordar otras cuestiones de tono biográfico, baste decir que fue encarcelado en varias prisiones y en un manicomio por casi 32 años. Escribió la mayor parte de su obra durante sus días en prisión. Finalmente, a él le debemos [eso sí, la aportación de este vocablo a la lengua no es nada deleznable] el término “sadismo”.

Mi crítica principal gira en torno al autosabotaje. Se preguntarán que a qué me refiero. Sí. Todo el tiempo hablando de sexo y de violencia, demostrándole a sus contemporáneos que no había motivo alguno para silenciar esos temas, que eran cosas tan naturales como comer o dormir, que no se lo tomaran tan a pecho, y él todo el tiempo confiriéndole demasiada importancia a aquello que, desde su perspectiva, era inherente a la esencia humana (ajá… coger con vacas y meterlo por las orejas… cómo no…).

Él hacía justo algo como lo que yo hago ahora. Que les digo que su literatura me parece una porquería y le he invertido a este post ya varios minutos de mi lunes. Un hecho es que si su objetivo era causar controversia y estragos en sus lectores, lo consigue. Así entonces, si lo vemos desde otra perspectiva, desde aquella que asegura que un buen escritor es aquel que remueve algo en sus lectores, éste la lleva muy de gane. Seguramente me precipito, pero no me preocupa: hay autores que merecen segundas oportunidades; hay otros que simplemente no. Éste pertenece al segundo grupo.

Finalmente no podemos negar que, pésele a quien le pese, era un personajazo, y al menos un día había que dedicarle en este espacio pseudoliterario.

Desengaño

Enero 25th, 2008 by wenperla

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Queridos todos,

No podemos vivir así. No puedo yo permitir que vivan en el engaño. Hoy, como por sexta vez en menos de un mes, alguien me dijo “oye, felicidades por ser editora a tus 23″.

Voy a decirles diez verdades. Que quede claro que no va a convertirse éste en el blog ese del que les hablé, pero les diré diez cosas breves y esenciales porque quiero que sepan, en la medida de lo posible, a quién leen:

  1. No soy editora (aún).
  2. Sí pues, trabajo en una editorial.
  3. A ver, se los voy a decir: soy asistente editorial.
  4. Soy wera y aunque a mí me dé lo mismo, he de reconocer que ya estamos pasadas de moda. Ni hablar.
  5. Odio madrugar y odio usar zapatos.
  6. Ah, claro. Aunque haya quien me tilde de inconsciente, no como carne. No, no soy zen. Nomás no me gusta cómo sabe.
  7. No tengo novio (a que no habían visto un proselitismo más barato que éste en años).
  8. Aturdo, a veces.
  9. Soy terca como una cabra.
  10. Detesto a la gente pretenciosa y me gustan los gruñones (aunque no sea recíproco).

No, no soy editora. Lamento decepcionarlos. Pero tengo un blog. Eso es lo que más me gusta de esto, que EN EL CIBERESPACIO LA BUROCRACIA NO EXISTE. ¡Viva el cibermundo!!!