Léase con los ojos (y el corazón) bien abiertos
Jueves, Junio 28th, 2007Â
No voy a platicarles algo que no sepan. El reto en este momento es hallar el cómo indicado para que el qué les llegue a donde tiene que llegarles.
Yo no me caracterizo por ser LA entereza. No soy LA frágil tampoco, pero no hay nada en este mundo que pueda conmoverme más que el dolor y la miseria humanos. Si les soy franca yo no darÃa mi vida por las ballenas azules ni por los pingüinos en Alaska, pero darÃa mucho más que eso por la gente que vive en condiciones paupérrimas y, sobre todo, por todos aquellos cuyas vidas están circunscritas por la guerra.
Por supuesto que yo no sé nada de la guerra. Por supuesto que la vida me ha rodeado de bendiciones y de cariño. SÃ, sà he sufrido… algunas veces, claro, pero mi vida ni por asomo ha sido un vÃa crucis. Conozco los umbrales más tenebrosos del dolor porque voluntariamente toqué la puerta y entré; me enamoré como sólo nos pasa una vez en la vida, y bueno… me equivoqué. Pero ésa… es otra historia.
Todo mundo me pregunta de dónde es mi apellido, Perla. Pues resulta que no era Perla, era Perlowsky, pero al llegar aquà de Polonia mis abuelos tuvieron que cambiarse el apellido, al igual que muchos otros judÃos que durante la Segunda Guerra Mundial llegaron a México y cuya descendencia hoy porta apellidos como el mÃo, que lo tenemos bien puesto y no podemos explicar bien a bien de dónde salió.
Mis abuelos murieron en campos de concentración. DramatizarÃa demasiado si les dijera que esto me puede… nunca los conocÃ. Pero… cuando uno visita el panteón israelà y ve inscrito en tantas lápidas “VÃctima del Holocausto”, irremediablemente algo recorre nuestras venas y hace palpitar nuestro corazón. Yo voy seguido, y nunca me resultan estas inscripciones indiferentes.
 
La Guerra de Vietman fue la primera guerra a la que tuvimos acceso “desde la comodidad de nuestro hogar”, y parece que fuimos haciéndonos fans de este tipo de espectáculos, ya que por guerras en noticiarios no paramos.
Yo nunca veo la televisión. Sé que denota ignorancia también, pero es muy difÃcil captar mi atención a través de la pantalla. Un texto me resulta mucho más atractivo que un programa de televisión, un libro me llama más la atención que una pelÃcula, es mucho más fácil llegarme al corazón a través de algo impreso que a través de una imagen en movimiento. ¿Por qué? No lo sé.
A lo que quiero llegar con todo esto es a la forma en la que hemos ido incorporando la catástrofe y el dolor humano en nuestra cotidianeidad sin siquiera inmutarnos.
La televisión y los medios nos dicen qué guerras son importantes y cuáles no. Lo televisado pasa, lo demás ni sucede. Susan Sontag nos habla de las razones por las que tres de las guerras modernas son “importantes” y han merecido atención de los medios:
“[…] la Guerra Civil española porque era la resistencia contra la amenaza del fascismo y (en retrospectiva) el ensayo general de la guerra venidera, la europea o “mundial”; la guerra en Bosnia porque era la resistencia de un pequeño paÃs en cierne del sur europeo que desea seguir siendo multicultural e independiente frente a la potencia regional dominante y su programa neofascista de limpieza étnica; y el conflicto en curso sobre el carácter y la forma de gobierno de los territorios que reivindican palestinos y judÃos israelÃes por una diversidad de puntos explosivos: desde la inveterada fama o notoriedad del pueblo judÃo, la singular resonancia del exterminio nazi de los judÃos europeos, el apoyo crucial que Estados Unidos brinda al Estado de Israel, hasta la identificación de Israel con un Estado que por medio del apartheid mantiene el brutal dominio de los territorios conquistados en 1967.”
Chicos, ha habido Y SIGUE HABIENDO genocidios en el mundo que han pasado desapercibidos. Camboya, Timor del Este, Papúa, Ruanda, Sudán, Guatemala… son tan sólo algunos nombres. ¿Y qué hacemos al respecto desde donde estamos? Nada, y no nos responsabilizo por esto, desde acá nada podemos hacer por ellos. Pero sà por nosotros, y por la forma en la que es preciso sensibilizarnos para afrontar el mundo.
Lo que me parece más repugnante es nuestra insensibilidad ante el dolor humano. La forma en que hemos incorporado las realidades trágicas de otros a nuestra vida, como si fuera cosa elemental, como si se tratara de algo “normal”.
Independientemente de las razones que orillen a los hombres a hacer la guerra para alcanzar la paz, lo que me resulta inexplicable es que seamos incapaces de conmovernos ante el dolor de los demás.
Iba a enlistarles una serie de eventos históricos que duelen. Pero no. No soporto mucho visualmente hablando. Odio las imágenes fuertes, atentan contra la privacidad de quien de ellas forma parte, me parece una falta de respeto para los familiares. Si acaso los ojos humanos contemplaran este tipo de imágenes con la estupefacción caracterÃstica del dolor del alma, serÃa distinto. Yo los invito a que les echen un vistazo desde el ser humano empático y sensato que todos llevamos dentro, y no desde la posición del espectador que por morbo se convierte en partÃcipe del más atroz de los espectáculos.
Â
Genocidio Camboyano: de 1975 a 1979. Perpetrado durante el periodo de la Kampuchea Democrática bajo el régimen de un enfermo llamado Pol Pot. Murieron alrededor de 3 millones de personas en las más horribles de las condiciones.
Â
Guerra de Irak: con el pretexto de que Saddam Hussein albergaba en territorio iraquà armas de destrucción masiva, el “brillantÃsimo” George W. Bush tuvo a bien invadir Irak en 2003.
Â
Guerra de Afganistán: con ésta se inicia la “Guerra contra el terrorismo”. Bush (entre paréntesis EL TERRORISTA MÃ?S GRANDE DEL MUNDO) decide atacar Afganistán en respuesta a los ataques del 11 de septiembre.
 
La Alemania Nazi. Sin palabras.
Â
Guerra de Bosnia-Herzegovina: luego de que la Guerra FrÃa y el comunismo se alejaran de la ex-Yugoslavia, otros monstruos se infiltraron en la zona. LÃderes ultranacionalistas serbobosnios, entre los que destaca uno de los carniceros más despiadados de la historia del mundo, Slobodan Milosevic, decidieron perpetrar uno de los genocidios más crueles de la historia. Esto duró poco más de tres años, de 1992 a 1995, con un saldo de más de 250,000 vÃctimas y más de 2 millones de desplazados.
Conflicto árabe-israelÃ: desde la fundación del estado de Israel en 1948, palestinos e israelÃes se han disputado el territorio sobre el cual yacen ambos pueblos. Los israelÃes han atropellado incansablemente a los palestinos, como si la opresión de la que ellos fueron vÃctima les diera derecho a hacer lo mismo con los demás.
 Éstas son tan sólo algunas de las que se me ocurrieron… creo que el mensaje lo dejé claro. No pude verme muy hardcore con las imágenes, tampoco se trata de eso. Lo que sà es que éstas DUELEN.
Y ¿qué es, finalmente, lo que ha subyacido cada una de estas atrocidades? Una intolerancia brutal, ideologÃas extremistas cargadas de odio, de mierda, de frustración. LÃderes carismáticos que han sabido intoxicar a la población con demagogias cargadas de rencor, que han conducido al mundo al caos, al dolor, al sufrimiento y a lo diabólicamente inhumano.
Todo esto, duele. Todas estas guerras y muchas otras más las hemos visto a través de la televisión, a través de fotografÃas que circulan por doquier. ¿Y nos hemos detenido un segundo a reflexionar, a pensar en todos aquellos que no han tenido la misma suerte que nosotros? La guerra la vivimos todos los dÃas. Allá afuera hay millones de personas mucho menos favorecidas que nosotros, que nos piden a lo mucho un instante de compasión, y a quienes sólo tenemos malas caras que ponerles.
Ya me malviajé mucho ¿verdad? Duele chicos, no nos acostumbremos a vivir con estas imágenes como si fueran otro comercial de Sabritas. Detengámonos a pensar cómo aliviar un poco el dolor de los demás, y cómo retribuirle al mundo un poquito de todo aquello con lo que nos ha bendecido. Dejemos de ahogarnos en un vaso de agua por estupideces y valoremos lo que somos, lo que tenemos, y una lágrima nunca está de más cuando se trata de sufrir las vejaciones ajenas…
[1. Qué “chistosa” la globalización ¿verdad? “Lo que pasa aquà repercute en Taiwán y la moda de ParÃs es la moda en Argentina”… pero por qué no nos pueden las muertes en Haità como si fueran nuestras… anales de la globalización… merece esto otro post…
2. Hace dos años pasé año nuevo en Serbia. Las secuelas de la guerra son visiblÃsimas en grandes y chicos. A pesar de cargar con tantos recuerdos tan perturbadores en el corazón, con tantas heridas en el alma, la gente es súper cálida. Viven rezagadÃsimos, no pueden entrar prácticamente a ningún lado sin visa (que, por supuesto, nunca les otorga ningún paÃs). Son chavos como nosotros y cargan TAN DURAMENTE el pasado a cuestas…]











