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Archive for Julio, 2007

De regreso al infierno que nos creó…

Sábado, Julio 28th, 2007

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“Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno.”

No sé si ya les había dicho que los libros de Alessandro Baricco son como un suspiro. Tan sólo eso: un clímax sostenido desde el principio hasta el final, donde es imposible despegar los ojos del papel hasta que se termina; y cuando se termina, al menos yo, sólo pido más.

La verdad es que nunca he pretendido hacer reseñas de los libros que leo. Tampoco ha sido mi intención desarrollar un análisis literario de cada uno de ellos [¡¿Quién soy yo para hacer “análisis literarios”?!], ni mucho menos tratar de esbozar interpretaciones respecto a lo que los autores quisieron darnos a entender.

No. La neta es que todos esos “análisis literarios” siempre dejan mucho que desear, y además yo no soy autoridad ninguna en el tema. Vengo a contarles qué me llama la atención de un libro, por qué me parece que tienen o no algo que aportar; pero, sobre todo, qué fibras remueve en mí cada una de estas lecturas de modo tal que puedan aprehender algo a través de mis ojos… con un poquito de suerte luego decidirán ir ustedes mismos a hacerse del libro y leerlo de principio a fin.

Para hablar de Sin sangre sí me veo en la necesidad de contarles un poco respecto a la trama. Una niña es testigo de la forma en que asesinan a su padre y a su hermano a quemarropa. Muchos, muchísimos años después, ella misma se da a la tarea de vengarse de aquellos que tantos años antes protagonizaron el episodio más sangriento y traumático de su vida. ¿Y qué es la venganza?

“… Usted mataba por venganza, todos matabais por venganza, no hay que avergonzarse de ello, es la única medicina que existe contra el dolor, lo único que se ha encontrado para no volverse loco, es la droga con la que nos hacen capaces de luchar…”

En comparación con Seda, quizás no el mejor de los libros de Baricco, pero definitivamente el más conocido, Sin sangre me pareció muchísimo mejor. Ambos coinciden en lo sorpresivo de sus finales, en la brevedad y concisión de su relato, en lo intempestuoso e impredecible de las historias, en la perfección de su discurrimiento literario.

Pero Sin sangre prescinde de planteamiento, de desarrollo, y de desenlace. Sin sangre se “limita” a ser un clímax sostenido, a tenernos siempre al filo de las palpitaciones, a identificarnos y avergonzarnos por la repugnancia que nos producen los sentimientos y las conductas humanas.

Sin sangre es una historia en la que intervienen, entre otros, los temas siguientes:

  • La guerra
  • El amor
  • La venganza
  • La niñez
  • El complot
  • La vejez

Y todo esto, en tan sólo 106 páginas que no dejan de sorprendernos un solo instante. Independientemente de lo que entendamos nosotros por “venganza”, aquella que enmarca las últimas páginas es la venganza más impredecible y reveladora de todas.

Uno de los aspectos que me cautivó especialmente es la noción de que “los niños tienen un talento particular para olvidar”.  Cuando nuestra niñez está circunscrita por episodios muy dolorosos, nuestro mecanismo de defensa opta por desvanecerlos; o, ¿hay alguien que se jacte de estar exento? Yo misma estoy perfectamente consciente de mi historia personal, pero hay varios episodios que soy incapaz de reconstruir.

El mensaje al final es, pues, que por alguna extraña razón que nadie sabe explicar pero que todos comprendemos, los seres humanos tendemos a refugiarnos en aquellos instantes que nos remiten a los episodios más dolorosos de nuestras vidas. Como si aquello que en algún momento nos inflingiera tanto miedo y tanta desesperanza, pudiera al final de camino conducirnos hacia la paz y la certidumbre.

[Y a todo esto, yo digo lo mismo de siempre: ¿por qué no leer una historia como éstas de vez en cuando en vez de ver la televisión o salir a ver qué ligamos? Ja, esto va para ustedes ¿eh? Yo mejor debiera de dejar de leer de vez en cuando y salir a ligar con más frecuencia jajaja.]

Decálogo del escritor

Jueves, Julio 26th, 2007

 Los escritores legan a la humanidad mucho más que su obra. Sus ideas son, quizás, más valiosas que los textos mismos. Durante mi ausencia en este blog pasaron cosas interesantes, muchas aportaciones riquísimas.

Una de estas aportaciones, de las más recientes, pertenece a Síntesis, alguien que por primera vez sé que visita Puras letras y que ha compartido con nosotros el siguiente decálogo. Gracias Síntesis por tomarte la molestia de aportarle contenido a este blog y por visitarnos =)

El “Decálogo del escritor” del guatemalteco Augusto Monterroso. Aunque presa del cansancio y la agitación de la última semana [definitivamente ser turista en nuestro propio país es mucho más demandante que ser turista en el extranjero], no quise irme sin venir a visitarlos y pegarles este post.

Me gustaría que lo leyeran cuidadosamente y me externaran su opinión. Lo he leído con atención y me hallo ante un decálogo (de doce puntos) con el que no estoy completamente de acuerdo.

Les agradezco infinitamente sus visitas durante mi ausencia y la forma en que muchos de ustedes se esmeraron para comentar. Me topé con la sorpresa de descubrir un par de lectores nuevos, y vaya que me produce eso una alegría que qué barbaridad. Aunque ahora no pueda contestarles, pronto les responderé de modo individualizado [como DEBE ser].

El cansancio no me permite escribirles ahora mucho más, pero a más tardar en dos días les platicaré del libro que ahora me encuentro leyendo: Sin sangre de Alessandro Baricco. Si están de vacaciones y están ávidos por ocuparse en algo, ¿por qué no lo leen si pueden? Se lee en un día, y si bien todavía no tengo una opinión, me lo recomendó una persona de amplísima credibilidad.

Les dejo el decálogo de Monterroso que Síntesis trajo a nosotros y al final les hago una preguntita…

Decálogo del escritor

Augusto monterroso

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Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: “En literatura no hay nada escrito�.

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

**********

¿Y si escribimos nuestro propio decálogo?

¡Ahora hablen ustedes!!!

Jueves, Julio 19th, 2007

Creánlo o no, hoy no voy a escribir mucho… Ya sé que es de sorprender padeciendo yo la verborrea que padezco, pero es una ocasión especial.

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Una amiga [que más que mi amiga y mi hermana es un ser humano bellísimo al que adoro] ha venido desde Madrid a visitarme. Muy a mi pesar sólo estará en México hasta el miércoles próximo, por lo tanto decidí  dedicarle al cien estos pocos días que estará por el país. Aunque resulte difícil de creer, también por esto decidí no hacerme de un trabajo antes de que ella llegara.

Además, hay tanto que ver en México que tiempo es lo que nos falta y pila lo que nos sobra. Les pongo su foto para que la conozcan [ya ven que poco a poco hablo más de mí aun cuando me he negado a hacerlo por tanto tiempo…], y les abro este post para que hagamos algo que nunca hemos hecho.

Quiero que HABLEN. Que digan TODO lo que piensan. Si les gusta cómo se ha ido llevando este blog hasta ahora, si creen que los tiempos y la periodicidad con la que se renuevan los posts es adecuada. Si les gustan los temas que toco o si debiera optar por algo más novedoso y original.

Si se les ha ocurrido algún tema, algún libro, algún algo… Plis háganmelo saber. Vamos a dejar este espacio abierto unos días, sólo quiero ser ahora la lectora de tan distinguidos comentadores.

Y ya ven que soy buena anfitriona… Así que si alguno de ustedes quiere venir a visitarme…. ya saben la atención y el itinerario que les espera, jajaja.

Los quiero y nos vemos pronto.

El [segundo] libro más traducido del mundo

Miercoles, Julio 18th, 2007

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¿Sabías que, después de La Biblia, El Principito es el libro más traducido del mundo?

No sé por qué, pero yo nunca fui al kinder. Fui a preprimaria, eso sí, y mi escuela se llamaba El Principito. Así que diariamente vi al principito en mi uniforme, y nunca supe bien quién era.

Nací en el D.F. pero viví en Morelia toda mi infancia (he aquí por qué conozco la ciudad como la palma de mi mano). En El Principito (el kinder, no el libro) tuve mi primer novio, a los 5 años. Se llamaba Saúl… Saúl… mmm… no me acuerdo de su apellido, pero si pudiera leer esto me encantaría decirle que me saló, ja. Por andar de precoz a los 5 años, a mis 22 años no consigo nada jaja.

Vale, vayamos a la cuestión que aquí nos atañe. ¿Qué es lo que ha hecho de El Principito el libro más traducido del mundo? ¿Es para adultos, para niños, para ambos?

No sé por qué tenía la impresión de que ya lo había leído, pero ahora que lo leí veo que no. O al menos no lo recuerdo. O quizás ahora me haya removido emociones completamente distintas a las que pudo haberme removido años atrás.

El Principito es un cuento para niños que los adultos deben de leer. Yo lo leí porque, en primera, me tomo muy en serio este blog y los contenidos literarios que quiero brindarles y, segundo, porque soy traductora y resultaba imperioso para mí saber por qué es el segundo libro más traducido del mundo [ajá… y ¿por qué no me leo La Biblia entonces verdad???].

La única alternativa que me quedó fue leerlo. Claro está, nunca hablo de lo que no sé o de lo que no conozco, y para opinar respecto a un libro hay que leerlo, punto. Se lo pedí a mi vecina porque mi presupuesto está en números rojos desde quién-sabe-cuándo, así que lo conseguí gratuitamente y en inglés.

Sí, es una historia que conmueve. Sé que podrán hallarse del libro todas las reseñas del mundo, así que no quiero decirles lo que van a leer en todas partes. Quiero decirles algo que los haga sentir la necesidad de leerlo, alguna vez…

Por medio del libro vemos la vida a través de los ojos de un niño. Hay un sinfín de reflexiones respecto a la forma en que los adultos confrontamos la vida y las discrepancias que existen entre lo que alguna vez como niños creímos y como adultos olvidamos.

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Cuando trabajé en Alfaguara conviví mucho con Xavier Velasco [lindísima persona]. Las veces que presentó su libro Éste que ves siempre hubo una constante: “lo que quise plasmar aquí es que a los niños nunca se les toma en serio. Cuando el niño se enamora es muy chistoso, ‘ay… ¿ya oíste? Que Toñito está enamorado… ¡qué tierno!’, y nadie es lo suficientemente sensato como para reconocer que los sentimientos de los niños son lo más puro e intenso que existe en el planeta”. ¿Que qué digo yo? Pues que claro, que Xavier tiene razón.

¿Dónde dejamos todo aquello que durante nuestra infancia nos hizo reír? ¿Dónde quedaron los cuentos, las historias, los juegos, las risas? El beso que añorábamos de papá todas las noches y las ganas de la comida de mamá al salir de la escuela.

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Mi hermano y yo siempre fuimos muy unidos. Estábamos juntos todo el tiempo, lo éramos todo el uno para el otro. Hoy en día nos llevamos bastante bien, pero no podemos jugar a nada juntos. No podemos salir a los mismos lugares; él es muy fresa para mí y yo soy demasiado aburrida para él.

El principito bajó de una estrella, y a través de las estrellas le pide a Antoine que lo busque una vez que se haya ido. Ojalá pudiera aprenderle algo al principito, y viera a papá en las estrellas cada vez que volteo hacia el cielo estrellado…

Sin lugar a dudas, me quedé con muchas ganas de seguir siendo niña. Si tenía a mi hermano junto a mí, nada en este mundo me hacía falta. Si mis papás peleaban se me caía el mundo encima, pero cuando me abrazaban y me decían que me querían, todo era felicidad.

El Principito es una invitación a la introspección. Es un cuento de niños que ejemplifica la crisis de los valores y lo alejados que como adultos estamos de los niños que algún día fuimos y de los que ahora nos rodean.

Yo creo que nunca es tarde para retomar un poquito de lo que sigue viviendo en nosotros, pero que tanto nos empeñamos en ocultar. ¿Y qué tiene de malo llorar de tristeza o gritar de alegría??? ¿Por qué nos empeñamos en ahogarnos en un vaso de agua cuando sabemos que muy poco puede hacernos verdaderamente felices? ¿Por qué no aprender de los niños en vez de creer que somos nosotros quienes tenemos algo que enseñarles???

“It is such a secret place… the land of tears.”

Fantasmas del pasado

Lunes, Julio 16th, 2007

[Si hay algún visitante nuevo por aquí, ha de saber que este “cuento” fue escrito por todos aquellos que participamos en este blog. Es la primera vez que lo hacemos, y ha resultado ser muy difícil y enriquecedor. Todas las contribuciones son bienvenidas, ojalá les guste.]

Fantasmas del pasado

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Siempre la veía. Todas las mañanas al despertar. Todas las noches antes de dormir. Tenía la foto pegada en la pared. Había comprado una lámpara especialmente para alumbrar la foto, para no perder detalle, para memorizar sus rasgos, para extrañar su olor.

Hacía 4 años que decidió sacarla de su vida, al parecer nunca supo cómo sacarla de su corazón. Los recuerdos lo carcomían, la nostalgia lo trastornaba, los remanentes de aquella obsesión [no podía llamársele amor] no le permitían ser feliz. De hecho, David no conocía la felicidad.

Conoció a Diana a los 22 años. Desde que la vio “supo� que era ELLA. “Ahí está, al fin has vuelto�. La cadera y las piernas eran distintas, pero tenía la misma mirada de Jeannine… los mismos ojos, los mismos labios que invitaban al beso, la misma piel que pedía a gritos una caricia.

Iban rumbo a Acapulco. Iba él con Jeannine. El miedo a ser descubierto por sus padres y las caricias con las que Jeannine lo distraían le impidieron frenar a tiempo. Antes de morir, Jeannine dijo “regresaré�.

Los años de la universidad recrudecieron ante la ausencia de Jeannine y la tragedia por la que estuvo enmarcada su muerte. No, nadie lo culpó. Pero la vida nunca fue igual. La única razón por la que logró salir a flote, sin lugar a dudas, fue aquel “regresaré� en el que confió ciegamente.

Diana era 20 años mayor que él. Increíble concebir que en una mujer tan fría, tan áspera, tan dedicada a su trabajo, pudiera encontrar a la niña que en la adolescencia fue el amor de su vida. Inconcebible para muchos imaginar que tanta ternura, tanta dulzura, tanta ingenuidad y tanta vivacidad se vieran ahora traducidas a la frialdad, la seriedad, la experiencia y las anchas caderas de Diana. Pero era ella, y él lo sabía.

David recordaba a Jeannine con cierto desprecio. Ella fue la primera que lo hizo sentir la avalancha de hormonas que caracterizan al amor. Jeannine era única y significaba aún demasiado para David.

Se conocieron por coincidencias del destino. Los amigos de David siempre dudaron de Jeannine. Era una mujer atractiva como pocas: cabello negro, ojos grandes y negros que contrastaban con el bronceado de su piel; esa piel que añoraba por las noches, tan suave al tacto y que siempre olía a una crema distinta; sus senos redondos, grandes, sus caderas inigualables. Sin lugar a dudas lo más hermoso era su rostro; tenía una sonrisa encantadora, pero era como una trampa mortal… fría y calculadora.

Pertenecían a mundos distintos. Ella vivía en una de las zonas más pobres de Acapulco; él pertenecía la clase acomodada de la capital.

A él no le importaba nada, simplemente era un hombre enamorado que deseaba compartir su vida con ella, 4 años mayor que él.

La distancia entre Diana y David era evidente. Para Diana, David apenas existía. Era la mamá de Sebastián, quien había llegado a la vida de David por casualidad. No sabía mucho de la vida de Diana, sólo que vivía sola con Sebastián en algún departamento de la colonia Roma, casi como la Mariana de las Batallas en el Desierto.
Sebastián no hablaba mucho de ella. Era un tipo medio despistado, pero muy buena persona. Conoció a David en la más extraña de las circunstancias: chocó con él en Parroquia y Avenida Coyoacán. Desde entonces se hicieron inseparables.
El tiempo transcurría sin mayores emociones. Desde la muerte de Jeannine, David había compartido muchas noches -era un chico atractivo-, pero no había logrado abrirle a nadie su corazón. “No ha regresado�, se repetía incesantemente.

Una mañana, al pasar por Sebastián para ir a quién-sabe-dónde, salió ella, Diana, desde la ventana, avisándole que Sebastián no tardaría en bajar. “Es ella�, se dijo. Y su corazón estaba a punto de explotar…

Se quedó frío, sintió cómo la sangre se paralizaba dentro de él. Su cara se tornó azul y sólo pudo oír una voz retumbando dentro de su mente. No podía reaccionar, la voz de Sebastián le retumbaba en los oídos intentando hacerlo volver. Tenían que irse pero no podía… tenía que verla, tocarla, reconocerla.

Sin preguntar se apresuró al interior de la casa pretextando cualquier cosa, ya dentro se refugió en el baño. Un chorro de agua fría en la cara y buscó su propio reflejo, buscó al niño que jamás se fue, que se quedó ahí, esperando.

Y luego… ahí estaba de nuevo, esa voz. Tenía que salir pero estaba paralizado, todo el pasado volvía a él de un solo golpe.

Para David, saberse un completo desconocido ante la mujer que debía ser “la única”, aquella por la que debía esperar tanto y a la que esperaría hasta la eternidad, resultó ser el castigo más grande: la indiferencia de sus ojos sería tan dura como mil dagas heladas enterradas en el corazón.

Durante mucho tiempo contuvieron mil palabras de amor, mil caricias que deseaban intercambiar; sin embargo, el vacío entre los dos resultó tan avasallador como dar el primer paso. El miedo de externar todos los sentimientos unidos a la vez, a alguien a quien por casualidad se acaba de conocer permaneció, a pesar de amar a ese alguien con todo el corazón.

Mientras David buscaba en todos los rostros y voces a su amada, Camila sufría. Durante mucho tiempo ocultó su amor por David. Y él parece que nunca lo notó. Estaba demasiado ocupado buscando a Jeannine.

Camila conoció a Jeannine. Envidiaba la forma en que David la amaba y la idolatraba. Cuando ocurrió el accidente, fue Camila quien le brindó su hombro para llorar. Se convirtió en su mejor amiga y confidente. Y en cierta forma eso comenzó a pesarle. ¿Perder a un amigo por un sentimiento no correspondido? Demasiado riesgoso.

Cuando David le contó feliz que estaba por haber encontrado nuevamente a su amor, ella se entristeció. Siempre albergó la esperanza de que Jeannine nunca cumpliera su promesa y tal vez así ella podría tener una oportunidad con su amor. Ese amor que, de pronto, se volvió prohibido otra vez.

“No una vez más”, pensaba Camila frente al enorme espejo mientras pintaba sus labios del rosa pálido que la caracterizaba. “Primero Jeannine, ahora Diana, ya no”. Sin embargo, ¿qué podía hacer la amiga siempre tierna y comprensiva, la que siempre le tendió la mano a David, la que veló su sueño y ha estado siempre para él?

Repasó con un dedo el contorno de su rostro reflejado: primero las cejas, después los párpados, su afilada nariz, las mejillas, y por último sus delgados labios, mientras repetía sarcásticamente, “Diana, Diana… hoy es Diana. Sólo falta que me diga ‘Diana’, Dianísima la de Carlos fuentes, tan perfecta como la estatua y única como su gran amor”.

Valiéndose de la confianza que desde siempre le tuvo Sebastián, David logró pedirle las llaves de su casa, e infiltrarse en ella una noche. Estaba poseído, fuera de sí. La veía… ahí… dormida. Rígida como cuando despierta, fría como el invierno, pálida como la noche. Vieja… sí. Tenía 42 años, pero Diana aparentaba muchos más.
¿Y qué importaba? Al verla ahí, inmóvil sobre la cama, tan sola… David no podía más que sentirse terriblemente atraído hacia ella. Se acercó a la cama. La rozó, dibujó su silueta, sus labios, su sexo. Se limitó a la contemplación y a las caricias apenas perceptibles. Ella quizás no sentía nada, a él lo carcomía el deseo. “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué diablos me pasa?�, se dijo de pronto. Salió de la habitación y decidió marcharse.

Cerró la puerta y volvió a titubear “no… no me voy�. Volvió a entrar… y esta vez regresó para quedarse. Entró al cuarto. La besó. Ella nunca abrió los ojos, pero respondió al beso. Apasionadamente, como quien lleva años añorando el amor y no se ha atrevido a buscarlo.

“¡David!�. Ahí estaba, en el marco de la puerta, Sebastián. Diana abrió los ojos. El sueño terminaba y comenzaba la pesadilla…

De repente todo se derrumbó. Sebastián jamás lo perdonaría. Pero David no podía aún descifrar si lo que más le dolía era perder esa amistad de años o la oportunidad de ver a Jeannine en los ojos de Diana.

Salió con prisa de aquel lugar. Quizás con un poco de vergüenza por lo sucedido. Pero no arrepentido, no. Por unos instantes pudo besar los labios de su amada nuevamente. Lo repetía una y otra vez en su cabeza. El mejor recuerdo en años, tal vez.

Necesitaba desahogarse. Y recurrió a su pilar de siempre, el que jamás le fallaba. Al que siempre estuvo ahí para él.
Camila no pudo más. Se cansó de escuchar siempre la misma canción. Estaba harta. Harta por esa obsesión estúpida y sin sentido. Harta de que David no se diera cuenta del amor que transmitían sus ojos. Y decidió gritarle todo. Todos los sentimientos que llevaba guardados durante años. Todo el rencor que de pronto surgió por la impotencia que sentía al ver que David no reaccionaba.

Los ojos de él se abrieron como nunca antes lo habían hecho. La vida le estaba dando otro baldazo de agua fría. Y ahora, de pronto, estaba perdiéndolo todo.

Camila, por su parte, entendió que no podía hundirse con David en su espera, que debía voltear y empezar a vivir su vida; sí amaba a David, pero él tenía que superar y entender muchas cosas que su alma debía sacar y reestructurar. Camila no podía hacerse eso, no más.

Ella caminaba por aquel parque donde usualmente David le confiaba su eterna espera por Jeannine, con cada paso decía le adiós a ese recuerdo, a ese daño que ella misma se permitía; sabía que dolería decir adiós a quien significaba tanto. El ser que le dio una serie de emociones tan firmes y encontradas, conoció el amor (no correspondido), el dolor, la esperanza, la frustración, en fin…

Cada paso era doloroso, pero firme; entendió qué merecía y qué quería para ella, y no era seguir esperando a David.

Mientras tanto, David decide salir tras Camila (quien ha salido con lágrimas en los ojos). Sólo puede repetirse a sí mismo “eres un estúpido David… eres un ESTÚPIDO”.

Para su sorpresa, al salir no es con Camila con quien se topa, sino con Sebastián. Éste se arroja en un violento ataque hacia David, quien sólo atina a defenderse sin atacarlo.

Tras un fuerte enfrentamiento son separados por una patrulla, misma que decide llevarlos a la delegación. Sebastián aun con injurias contra David como quien se siente engañado y manipulado; se declara su peor enemigo.

A la espera de que se esclarezca no sólo la situación sino su conciencia, Diana aparece, David siente palpitaciones aceleradísimas. Diana va específicamente por su hijo. La salida de éstos queda enmarcada  por una mirada tan fría como mil témpanos que Diana le dirige a David antes de partir.

La casa de David estaba sola, oscura y melancólica a su llegada. La tempestad había causado estragos dolorosísimos: su mejor amigo declarado como su mayor Némesis, su confidente su amante en secreto, y su amor bajo un hechizo de odio desconsolador.

Pasaron un par de meses. David se sentía entonces listo para buscar a Camila y darle esa oportunidad que quería y que él necesitaba, tenía el plan perfecto.

La citó en ese parque, bajo ese árbol que muchas veces los cobijó. A lo lejos vio la silueta de Camila caminando hacia él; de pronto, Sebastián la interceptó tomándola entre sus brazos, parecían muy contentos, muy enamorados…

Jeannine lo miró. Sus labios comenzaron a moverse. “¿Acaso piensas dejarme ir?�. David no supo qué responder. Su alma y su corazón estaban alborotados. Su cabeza aún no lograba encontrar la salida de aquel infierno. “Búscame, he vuelto. Quiero que estemos juntos siempre�. Ella le dió su mano. David quiso alcanzarla pero… despertó. Fue todo un sueño. Jeannine, desde donde estaba, se negaba a abandonarlo.

¿Cuál era el paso a seguir? Vivir la realidad o seguir una ilusión? Necesitaba tiempo para pensar, ordenar sus pensamientos. Pero las cosas se precipitaron demasiado rápido y la decisión debía ser tomada en ese momento. Es que ese corazón no sanaba. Y quizás nunca lo hiciera.

El coraje, la rabia y la ira persiguieron a David después de ver a su fiel amiga y consejera, Camila, junto a Sebastián. ¿Quién era él para arrebatarle la confianza, la mirada, y el tiempo de la mujer con quien él tanto había compartido?

La ausencia (¿o debiéramos decir “las ausencias”?), tanto de Diana como de Camila, confundían al chico incrustándolo en un recóndito vacío de soledad e incertidumbre que la absurda esperanza, por revivir una historia de amor, generó a través de los años en vano. No hubo pasión ni desenfreno junto a la majestuosa experiencia y belleza reencarnada de Jeannine.

David sabía que el destino le negaba el placer de disfrutar del olor, sabor y color que cobraba el sexo de Diana ante los suaves estímulos de la lengua quizás; o de la agresividad entre el índice y el pulgar con su frágil clítoris una y otra vez, entre un vaivén de colores rosados y púrpuras que son preludio, entrada al punto álgido del placer para subir… subir hasta quedar sin aire.

Aquella cuarentona significaba asfixio, tan asfixiante como el peso de su edad que David no podía cargar sobre sus hombros. Se sentía pequeño, inexperto, soso, pero era demasiado orgulloso. El recuerdo del “regresaré” y la imagen compartida entre las dos mujeres, una joven y otra vieja, no le permitían reconocer la distancia que existía entre lo que algún día tuvo y la imposibilidad de lo hoy tenible.

Encerrado no sólo entre cuatro paredes, sino en su propio y único mundo, con el valor hendido. Temeroso ante la apertura de ese cajón que dejaría salir al monstruo llamado Jeannine, supo que fue él quien forjó su destino desolador ya sin Camila, nunca con Diana, lleno de incertidumbre y arrepentimiento.

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¡Caramba! ¡¡¡Muero por leer sus comentarios!!! Yo tengo TANTO… pero TANTO que decir…

Les agradezco muchísimo a todos los que participaron para que esto fuera posible [¿Alguien que me quiera contratar para conducir el Teletón? Jajaja].

El final que se quedó fue el de Karina, fue el que me pareció más emotivo. No obstante, en los comentarios publico los otros dos finales que fueron propuestos para esta historia. Me gustaría saber cuál fue el final que más les gustó a ustedes.

Me tomé la libertad de corregir la ortografía y ciertas cuestiones estilísticas. También suprimí algunas partes que consideré demasiado reiterativas. Traté de mantenerlo lo más fiel posible a lo que ustedes escribieron.

Mi Gigoló, definitivamente lo del Hi5 no procedía. ¿Puede ser para la próxima?

Lo más importante, desde mi humilde perspectiva, es reconocer DE PIE la labor de los escritores. Miren nada más de qué modo nos partimos la cabeza para escribir esta historia medio construida, y eso que lo hicimos entre diez. Ahora a los escritores los admiro y quiero más que nunca.

Espero sus sugerencias. ¿Quieren volver a hacerlo? ¿Alguien más se incorporaría? ¿Qué cosa les gustaría que escribiéramos para la próxima? ¿Nunca lo volverían a hacer?

¡Plis! ¡Retroaliméntenme y quéjense todo lo que quieran!

[Me interesa mucho conocer la opinión de aquellos que no participaron en la construcción del cuento, la perspectiva del lector no activo en la elaboración de la trama también es importantísima.]

Cuento sin nombre

Viernes, Julio 13th, 2007

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Las instrucciones son sencillas. Éste es el comienzo de un cuento que nosotros vamos a escribir. Nunca antes he escrito uno. No tengo las herramientas para escribir un cuento ni conozco los lineamientos a los que los cuentistas se apegan. Pero quiero probar, probar con ustedes. Yo voy a comenzar el cuento. Esto no se detiene hasta que tengamos diez contribuciones. Así es, no menos de diez. Pueden escribir dos veces, y yo también puedo participar, pero debe ser de modo intercalado. No es posible hacer dos contribuciones seguidas. Este cuento debe tener un planteamiento, un clímax y un desenlace. Cuando esté listo yo le corregiré lo que haya que corregirle y aquí aparecerá publicado el lunes. Estoy emocionada, va a salir muy bien.

Ahí se los dejo. Participen, aviéntense al ruedo conmigo. Nunca lo he hecho. Aún no tiene nombre… se lo pondremos al final. Ahí les voy:

********** 

Siempre la veía. Todas las mañanas al despertar. Todas las noches antes de dormir. Tenía la foto pegada en la pared. Había comprado una lámpara especialmente para alumbrar la foto, para no perder detalle, para memorizar sus rasgos, para extrañar su olor.

Hacía cuatro años ya que no sabía nada de ella. “Va a pasar”, se decía todos los días. Hacía 4 años que decidió sacarla de su vida, al parecer nunca supo cómo sacarla de su corazón. Los recuerdos lo carcomían, la nostalgia lo trastornaba, los remanentes de aquella obsesión [no podía llamársele amor] no le permitían ser feliz. De hecho, David no conocía la felicidad.

Conoció a Diana a los 22 años. Desde que la vio “supo” que era ELLA. “Ahí está, al fin has vuelto”. La cadera y las piernas eran distintas, pero tenía la misma mirada de Jeannine… los mismos ojos, los mismos labios que invitaban al beso, la misma piel que pedía a gritos una caricia.

Iban rumbo a Acapulco. Iba él con Jeannine. El miedo a ser descubierto por sus padres y las caricias con las que Jeannine lo distraían le impidieron frenar a tiempo. Antes de morir, Jeannine dijo “regresaré”.

Los años de la universidad recrudecieron ante la ausencia de Jeannine y la tragedia por la que estuvo enmarcada su muerte. No, nadie lo culpó. Pero la vida nunca fue igual. La única razón por la que logró salir a flote, sin lugar a dudas, fue aquel “regresaré” en el que confió ciegamente.

Diana era 20 años mayor que él. Increíble concebir que en una mujer tan fría, tan áspera, tan dedicada a su trabajo, pudiera encontrar a la niña que en la adolescencia fue el amor de su vida. Inconcebible para muchos imaginar que tanta ternura, tanta dulzura, tanta ingenuidad y tanta vivacidad se vieran ahora traducidas a la frialdad, la seriedad, la experiencia y las anchas caderas de Diana. Pero era ella, y él lo sabía.

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Vale. Hasta aquí llego yo. ¿Quién se anima a comenzar? Y les advierto que me voy a poner súper azteca si nadie participa… todos me dieron LA cuerda, así que ahora les toca a ustedes ¿eh? ¡Los quiero!!!

Un libro más es un libro menos

Jueves, Julio 12th, 2007

He aquí la receta para comprobar qué tan bueno es un libro: en el momento en el que más sueño tengas, justo cuando no puedes mantener los ojos abiertos ni un segundo más, toma el libro al que quieras probar entre tus manos. �brelo. Ya sé que no vas a enfocar, sólo inténtalo. La única razón que en este contexto hará que continúes leyendo es una lectura que te atrapa, que envenena a tus ojos y a tu imaginación y que te pide más y más.

Lo mismo me pasa cuando voy al cine. No sé por qué he ido al cine cuando estoy devastada y lo único que quiero es dormir, pero lo he hecho. Si una película me mantiene despierta cuando estoy muerta de cansancio [y miren que si digo muerta quiero decir INERTE ¿eh? Me apena reconocer que la mitad de mi universidad la pasé dormida en el salón…], quiere decir que fue un peliculón. No nos enredemos en cuestiones complejas, baste para esto decir que cuando un libro o una película es interesante, las minucias de la trama, personajes, narradores, etc., pasan a segundo término.

Y eso me pasó hoy. A pesar de hallarme en el -ya tan sonado- umbral entre el empleo y el desempleo, estoy cansadísima. Será que tanto pensar me agota un montón. Será, quizás, que no es lo mismo Los tres mosqueteros que veinte años después (¿así va?). Llegué pues a casa a las 10 de la noche, y sabía que tenía que leer. Escogí el libro que desde hace días tenía en la mira, y sin abrirlo siquiera me quedé dormida. Desperté de pronto, gracias a uno de esos malditos sobresaltos que a veces nos visitan, donde sueñas que vas corriendo y te caes en un hoyo y de pronto… ¡zaz! Despertamos.

Y entonces lo abrí. Pensé en el blog, “Wen, tienes que leer”. Y con todo y el sueño que me embriagaba, lo comencé. ¿Y qué creen? Casi lo termino. ¿Por qué siempre me pasa esto? Soy una lectora bastante extraña… Cuando leo, leo por al menos tres horas. Además, se me cruzan muchos libros valiosos en el camino. En fin.

otraorilla.jpg

¿Y qué libro era? La otra orilla de Julio Cortázar. Una compilación de cuentos, magnífica. Chequen la nota del compilador:

“Forzando su espaciada ejecución -1937/1945- reúno hoy estas historias un poco por ver si ilustran, con sus frágiles estructuras, el apólogo del haz de mimbres. Toda vez que las hallé en cuadernos sueltos tuve certeza de que se necesitaban entre sí, que su soledad las perdía. Acaso merezcan estar juntas porque del desencanto de cada una creció la voluntad de la siguiente.

Las doy en libro a fin de cerrar un ciclo y quedarme solo frente a otro menos impuro. Un libro más es un libro menos; un acercarse al último que espera en el ápice, ya perfecto.”

Mendoza, 1945

Este libro, al igual que muchos otros libros de Cortázar, está compuesto por varios cuentos. Trece para ser exactos. Las temáticas están relacionadas con nuestra cotidianeidad, pero justo en el punto en el que se intersectan con lo fantástico. Por eso son cuentos.

Me parece que los cuentos tienen un poder infinito, un poder del que carecen la poesía, la novela, el teatro y en general toda la literatura de no ficción. ¿Cuál? El cuento es breve, es impredecible, es fantástico. El cuento nos devora, nos roba el alma unos instantes, nos sube a la montaña rusa de la ficción, nos agita el corazón de pronto y al final, sólo al final, éste vuelve a apaciguarse. Julio Cortázar es un as en muchos sentidos. Yo no lo he leído tanto, casi nada diría yo, pero no ha habido una sola vez en que lo lea y no me robe varias sonrisas y más suspiros.

Me parece que el cuento per se desafía a los incrédulos. Lo ves ahí, inmóvil, como gritándote “¡Ven, échame un ojito! Por favor, sólo tengo tres páginas, no inventes, ¿qué te cuesta?”. Me parece que al público no lector lo primero que le daría sería un cuento.

Los cuentos de Cortázar terminan antes de comenzar. Se termina uno, y pides el siguiente. Y lo lees, y no sabes quién es testigo de quién… si tú del cuento o el cuento de tus reacciones.

No les voy a contar los cuentos, no soy nadie para develar algo así, nunca le dije a ningún niño que los Reyes Magos no existen y no voy a contarles los cuentos de Cortázar ahorita. Lo que sí voy a hacer es contarles de qué tratan algunos:

-Una mujer que se embaraza de un vampiro

-Un hombre que se desprendió de sí mismo al morir y prepara el terreno para que la noticia de su muerte le sea a su abuela lo más llevadera posible

-Después de darle a Cary la más grande de las palizas, Plack es víctima de un mal inexplicable, cruel, devastador y doloroso

Para todos aquellos que descreen del poder de la literatura, y que a todo esto me dirían “Ajá Wen… ¿Y qué te deja tanta palabrería? Son sólo eso, cuentos… ¡¡¡C-U-E-N-T-O-S!!! Deja de leer tanta cosa, mejor aterriza que el mundo real está muy alejado de tus libros y aprende a cobrarle a tus clientes”*, tengo algo que decirles.

Más allá del inmensísimo placer que me produce ponerme a leer estos cuentos, les agradezco que hayan inquietado mi imaginación. No me pasa lo mismo con las novelas… cuando termino alguna siempre pienso “qué buena” o “qué mala”, pero ponerme a trabajar para escribir alguna es algo que no me pasa por la cabeza… será que la extensión y la complejidad de las novelas requieren del tiempo que no tengo. Pero ahora, luego de haber leído 13 historias distintas en un ratito, muero por ponerme a escribir un cuentito.

La literatura está en todas partes. Todo y todos somos personajes del mundo de posibilidades que ofrece la ficción. La literatura despierta el alma y agudiza la percepción. Deberíamos todos de escribir un cuentito, y pegarlo por aquí. Los cuentos de Cortázar son brevísimos, pero cómo emocionan.

Hagamos la prueba entonces…

[*Hay que darle a mi hermano su crédito, él me lo dice tooodo el tiempo. Qué bella es la diversidad ¿verdad? Uno economista y clavado en los números, la otra humanista y clavada en las letras. Uno que juega póquer todo el día y la otra que odia los juegos de apuestas. Uno con novia y la otra incrustada en la soltería jajaja. Uno re-fresa y la otra no tanto. Y así podría seguir… pero la familia está para quererse. Y yo a mis hermanos los amo.]

Pronto nos vemos

Lunes, Julio 9th, 2007

Ahí les va otro post como el de la grúa jajajaja. No les caerá tan mal ya que aquél causó en su momento un gran revuelo jajajaja.

No comento, no contesto, no escribo, no nada… porque estoy fuera de la ciudad. El viernes me dieron ganas de irme de vacaciones, y me fui. Agarré el coche, hice una maletita… y me estoy tomando unas vacacioncitas exprés en una de las ciudades más hermosas de nuestro país: Morelia, Michoacán.

Soy bastante impulsiva y determinada, así que ahora estoy acá y con tanto turisteo no he podido leer nada. Viví acá muchos años cuando era pequeña, y tengo familia y tal.

Regreso pronto porque… ¿qué creen? Pues tengo varias cuestiones laborales que arreglar… todo pinta para muy bien. Estoy feliz =)

No espero que comenten aquí nada, este post no aporta un carajo jajaja. En cuanto regrese me pongo al día y me pondré al corriente con la interacción que siempre hay entre nosotros y que tanto, tanto me enriquece.

Vuelvan pronto y un abrazo,

Wen

Claves para entender Núremberg

Jueves, Julio 5th, 2007

Equilibrio. Es esto de lo que he venido hablando los últimos días. De lo difícil que es hallarlo y de la altísima estima en la que lo tengo. Hay que ser equilibrados para todo… y aunque las novelas nos ofrecen un universo maravilloso de posibilidades, hay que explorar otro tipo de literatura: la literatura de no ficción.

Y en eso me sumergí el día de hoy. Ni cuenta me di, pero me aventé tres horas leyendo Las entrevistas de Núremberg (¿y luego pregunto por qué no tengo amigos?? jajaja), y apenas y pude despegarme del libro para venir corriendo a escribir.

Esto debiera llevar la portada del libro para que lo ubiquen, también el nombre del libro debería ir en cursivas, pero me niego a seguir quejándome de la precariedad con la que ciudaddeblogs me ha tratado últimamente… Ciertamente nunca he sido muy hábil para estas cuestiones cibernéticas, pero eso de dejarme sin la posibilidad de ponerle a esto aunque sea una portadita, y de arrebatarle a una correctora de estilo la posibilidad de poner el título de un libro en cursivas, nomás incrementa mi horripilante crisis existencial jajaja.

Pues bien, “a lo que te truje Chencha”. No se necesita ser muy perspicaz para saber que Las entrevistas de Núremberg son una versión editada de las entrevistas realizadas a todos aquellos acusados, al terminar la Segunda Guerra Mundial, de perpetrar crímenes contra la humanidad bajo la estela del nazismo.

Leí cinco de ellas. Querrán reírse preguntándose cómo diablos invierto 3 horas en cinco entrevistas… pero algunas son bastante extensas, y además demandan un buen nivel de concentración. Si me permiten hacerles una sugerencia, lo que está buenísimo es la introducción; las entrevistas yo puedo platicárselas, pero esa introducción es idónea para incultos cultivables.

Antes de abordar aspectos clave de la forma en que se constituyó el Tribunal Penal Internacional y del porqué del Juicio de Núremberg, me interesa compartir con ustedes mis impresiones respecto a las entrevistas que leí. No sugiriendo que sea yo LA autoridad en todo esto, más bien proporcionándoles un acercamiento al libro a través de alguien como ustedes, quien llegó hasta este libro más por curiosidad y ganas de aprender que por otra cosa.

Las entrevistas fueron realizadas a la par que los juicios se llevaban a cabo. Hay que tener en cuenta que, por más ecuánime que pueda serse, todos los acusados estaban sometidos a altísimos niveles de presión e incertidumbre. No sólo estaba en juego su vida, sino la ideología por la que se lo habían jugado todo: el nacionalsocialismo. Para muchos fue esto lo primordial en su vida, sin él se quedaban vacíos…

Las entrevistas fueron realizadas por un psiquiatra norteamericano, Leon Goldensohn, quien se valía de un intérprete para darse a entender con los acusados. Desde un principio nos queda claro que la relación que éste pretendía entablar con los acusados no era aquella del médico-paciente, sino la del científico-rata de laboratorio. Es así incluso como él fue presentándose con ellos mismos, a quienes éstos recibían ávidos de compañía y de una charla lejos de las salas donde el juicio se llevaba a cabo.

Es una sensación bastante interesante la que experimenté mientras leía las entrevistas. Simplemente no podía dejar de leerlas (y no soy una lectora fácil de atrapar). Siempre me quedo con ese sabor de boca un tanto desconcertante, porque es difícil saber qué tan genuinos eran estos hombres durante su charla con un psiquiatra que además pertenecía al bando enemigo, siendo que el contexto en el que se hallaban los predisponía a (invariablemente) defenderse y a tener muy presente que uno “es esclavo de lo que dice y amo de lo que calla”.

Por cuestiones inherentes a la personalidad de cada uno de los presos, hay algunos que evidentemente se prestaban más a hablar de su vida personal y de su infancia. Eso, para mí, fue enriquecedorsísimo. Cuando se abordan las cuestiones relativas a la guerra, a Alemania, a los campos de concentración y a la función de cada uno de ellos dentro del régimen, rara vez me parecen sensantos, y puedo entenderlo. Pero… cómo mentir respecto a lo único verdaderamente valioso y entrañable que se tiene en los momentos difíciles: los seres queridos y los recuerdos. Caray… sin recuerdos qué nos quedaría.

Me marean los datos. Nunca he sido una mujer de datos duros. Tengo el lado humanístico exponencialmente desarrollado, y en este sentido creo que nunca alcanzaré el equilibrio. Tantas fechas, nombres en alemán, lugares del este de Europa, en fin… me aturden. Pero… me parece que con haber leído este libro es más que suficiente para conocer al Führer desde el mejor de los ángulos: no las percepciones generalizadas que nos hereda la historia, ni los textos de su autoría cargados de una demagogia vehemente y exaltadísima… no. Aquí hay una aproximación a Hitler a través de sus colaboradores más cercanos, de sus seguidores más fieles, de todos aquellos que se sintieron tan defraudados al enterarse de su suicidio, que más de uno quiso imitar su decisión de interrumpir abruptamente su vida. Eso sí… quizás sea natural, pero Hitler se enarboló a lo largo del proceso de Núremberg como el “único” culpable.

A veces me parece que pierdo la noción de todo lo que puedo llegar a escribir en intervalos cortísimos de tiempo. No sé ni cuánto llevo y prendí la compu hace apenas 10 minutos, así que me niego a aturdirlos más con tanto rollo. De la MAGN�FICA introducción del libro, redactada por Robert Gellately, extraje algunos datos para compartirlos con ustedes. Recuerden, esto es para que sepamos mejor qué pasó con los juicios de Núremberg, no para esclarecer cuestiones relativas a la (tan sonada) Segunda Guerra Mundial.

*El proceso de Núremberg fue el resultado de muchas pláticas y negociaciones respecto al futuro de todos los criminales nazis; no se contemplaba, en lo absoluto, como la primera opción. La ejecución masiva se perfilaba como la favorita.

*Los dirigentes de las potencias aliadas encargados de reestructurar la vida de la posguerra fueron el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, el primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, y el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Josif Stalin. Harry S. Truman ocupó el lugar de Roosevelt luego de que este último muriera el 12 de abril de 1945.

*El tribunal celebró 403 sesiones públicas y escuchó a un total de 166 testigos.

*De los 22 enjuciados: 12 fueron condenados a morir en la horca, 3 fueron declarados inocentes (ajá… está cañón que una vez habiendo llegado hasta ahí hayan resultado “inocentes”), 3 fueron condenados a cadena perpetua, 2 a veinte años de prisión, 1 a quince años y otro a 10 años.

*Sólo 2 de los 22 manifestaron alguna enfermedad mental… todos estaban en perfecto estado, no se les detectó patología alguna.

*21 de los 22 eran verdaderos genios. Les aplicaron un examen para medir su coeficiente intelectual y a excepción de uno, todos tenían una inteligencia por mucho superior a la media.

Hoy me voy re-satisfecha porque siento que aprendí un montón. No va tan mal mi proceso de cultivo desde que decidí consagrarme un par de días a mí y tan sólo a mí. Y ustedes, ¿cómo van? Un beso y hasta pronto.

Vivir (y morir) el amor…

Martes, Julio 3rd, 2007

Sólo les pido que si comienzan a leer este post lo terminen. Es quizás lo menos predecible que vaya a escribir en los próximos cinco años… jajaja.

“Nunca he sabido si la literatura le roba escenas a la realidad, o si es la realidad la que -sin darnos cuenta- va construyéndose a partir de la ficción”. No sé a quién le comentaba esto hace un par de días, y es verdaderamente extraño que no recuerde con quién platicaba, no porque tenga yo LA memoria (todo lo contrario), sino porque me he vuelto la criatura menos sociable del mundo y es verdaderamente extraño que interactúe yo con alguien hoy en día jajaja.

Pues bueno. Me estoy devorando un libro. Mejor dicho, dos libros. Eso de brincar de un libro a otro nunca me ha gustado, pero cuando a mitad de uno la tentación te gana y abres otro… ya valió. Y así fue, no fue ésta la excepción, ya valió. Ahora me hallo suspendida entre dos lecturas fascinantes; sumamente distintas entre sí, enriquecedorsísimas ambas hasta decir BASTA.

Uno es La historia del cerco de Lisboa de José Saramago… ¡Buenérrima! La verdad es que si les gusta esto de la corrección y tal es LA opción; de lo contrario comprendería si lo hallaran un poco tedioso. Pero es fascinante, la forma en que Saramago hace y deshace el idioma como quiere… Wow, qué personaje. El otro es más bien un compendio de ensayos breves que muchos de ustedes ya conocerán: El lenguaje de la pasión de Mario Vargas Llosa. Ni a cuál irle. Los dos son unos maestrazos.

El libro de Saramago requiere mucho tiempo y mucha concentración, es una lectura larga y cargada de imágenes literarias. Por el contrario, el libro de Vargas Llosa es muy digerible… los ensayos se van como agua, hoy sin darme cuenta y sin planearlo llegué hasta el décimo… ¿Cuál creen que gane? No puedo estar campechaneándome las lecturas a estas alturas jajaja, le pondré a esto un alto para hacer las cosas en orden, ja.

Bueno, me encanta que (según) éste no es un blog personal y siempre acabo contándoles de mí. El hecho es que cuando leí el primer ensayo de Vargas Llosa, “La señorita de Somerset”, pensé “caray, esto tengo que postearlo”. Y heme aquí, posteándolo.

La Sociedad de Autores de Inglaterra condecora a numerosos escritores anualmente con varios reconocimientos de naturalezas distintas. Pues bien, ¿no? Igual que el CONACULTA en México, igual que todos aquellos organismos cuya razón de ser es la cultura.

Pues bueno. Uno de los premios que la Sociedad de Autores de Inglaterra entrega año con año es el Betty Trask Award. Hasta aquí no hay mayor revuelo. Al igual que el Premio Nobel y muchos otros premios, el Betty Trask Award es la materialización de la última voluntad de alguien que antes de morir quiso que todo lo que le pertenecía se le entregara a alguien a través de un organismo determinado a modo de reconocimiento por algo en especial.

A mí, por lo normal, me seduce el cómo y no el qué. De igual modo, me intrigan más los porqués que los cuántos. Pero aquí importan tanto el porqué como el cuánto. La Sociedad de Autores de Inglaterra recibió a principios de la década de los ochenta la generosa cantidad de 400,000 libras esterlinas, es decir, 8,676,767.74 pesos mexicanos.

¿Y quién era Margaret Elizabeth Trask, aquella de quien la susodicha sociedad recibía tanto dinero? Aunque en el momento nadie lo supo a ciencia cierta, alguien “se acordó” de que Betty Trask había escrito más de 50 novelas románticas. Internet no me ha echado mucho la mano hoy, pero Vargas Llosa sí que me ha ayudado… algunos de sus títulos fueron: Vierto mi corazón, Irresistible, Confidencias, Susurros de primavera, Hierba amarga, etc.

Antes de que los que se las dan de rudos sientan náuseas, déjenme seguir con la historia. El Betty Trask Award se otorga desde 1984 a los escritores que, tal cual lo indicado por Elizabeth Trask, escriban una novela romántica, sean menores de 35 años y sean oriundos de la Mancomunidad Británica de Naciones.

Así es. Betty Trask le dedicó al amor no sólo su vida sino su muerte. Las novelas románticas alimentaron a lo largo de 88 años su vida. Y, desde 1984, también a través de ellas se honra su muerte. Lo increíble, lo admirable, lo que verdaderamente pudo quitarme la respiración al leer este ensayo es que Betty Trask murió soltera, virgen, y jamás tocada por la mano del hombre.

Así es. Nunca vivió el amor en carne propia. Lo vivió a través de sus ficciones. Del universo que para sí construyó y por medio del cual conoció la felicidad. Nada la hubiese retenido en este mundo hecho de seres humanos, criaturas tan infinitamente distintas a ella, quien consagró su vida y muerte al amor que nunca supo bien a qué sabía.

¿Lo pueden creer? Independientemente de las conjeturas apresuradas a las que en este instante hemos llegado, creo que se necesita mucho más sensatez que aquella producto de la inmediatez para opinar al respecto. Yo, la neta, la admiro pero no la envidio. Voy a averiguar más al respecto.

Y ahora más bien pienso… Caray Wen, y si tu última voluntad fuera el Premio Wendolin Perla, ¿Qué premiaría? ¿Y ustedes? ¿Qué premiarían?

Como clase de historia

Lunes, Julio 2nd, 2007

Digamos que llegó hasta mis manos un texto interesante. Un ensayo. No importa de quién es. Importa, quizás, saber por qué llegó esto hasta mí y por qué ustedes todavía no lo pueden leer en ningún lado. Pues porque en este momento de mi vida no me dedico a nada en especial, más que [y es neto] a cultivarme porque soy más consciente que nunca de mi ignorancia y a sacar algunas traducciones y correcciones que luego me encargan. Luego entonces, me dieron este texto para traducirlo.

Para ponerlo más sencillo, debiera decir que en este momento ES OFICIAL… soy freelance. Mentiría si les dijera que mi situación de freelance me hace feliz o todo lo contrario, será que tengo tantos planes instalados en la cabeza que mi situación actual no deja de parecerme [como siempre] transitoria.

La humanidad entera [sí… esto es UNA QUEJA] socava la labor de los traductores y de los correctores. Aquellos que se hallan alejados de la producción editorial y sólo leen los libros realmente no alcanzan a imaginar todo lo que hay detrás. Los correctores y los traductores se merecen por igual TODA nuestra admiración [y les juro que esto no tiene nada que ver con que yo funja como ambas cosas… mi incipientísima carrera literaria no da para que nadie me eche ningún lazo todavía jajajajaja]. La chamba de un traductor o de un corrector no queda circunscrita a traducir o a corregir… ¡No! Tenemos que corroborar datos, fechas, cifras [sí… dije TENEMOS QUE], y todo lo que a nuestro adorado autor se le ocurra poner. Arreglar bibliografía y comprobar que exista. En fin.

Bueno, luego de hacer pública mi queja por lo ingrato que es este empleo, vayamos al grano. El texto que tuve que traducir hoy habla de Japón. Mi obligación y mi curiosidad me llevaron mucho más lejos, así que le eché un vistazo a la historia para tener un panorama más completo de la situación. Sí, vamos a hablar de un autor japonés, pero más que de su vida o de su obra… de su muerte y su legado.

Yukio Mishima fue uno de los escritores japoneses más importantes de la posguerra. Poseía una mente brillante y una destreza literaria espectaculares (ok… no lo he leído, pero eso dice su biografía). Independientemente de las estigmatizaciones de las que fue blanco dada su homosexualidad, siempre permaneció en el imaginario japonés como uno de los pensadores más importantes de mitades del siglo pasado (¡ayyyy!!! Escribo como señora… ¡o peor!!!).

Bien, ya vimos que fue un personajazo (admin ¿dónde nos pusiste las cursivas?!?!?!?!!?!?). El punto es que el 25 de mayo de 1970 se suicidó frente a 800 miembros de las fuerzas armadas japonesas, en un acto denominado seppuku (otra vez admin ¿y las cursivas?). No hay que ser grotescos, no hay necesidad de decir que se encajó una daga en el vientre y luego fue decapitado (jajaja qué tonta). La cosa fue muy estruendosa, pero ya ven que los japoneses para estas cuestiones mortales son re-estridentes.

Durante muchos años, el emperador japonés fue visto a la luz de la divinidad. Nada ni nadie podía tocarlo, era quizás menos que un dios pero seguro más que un humano. Fue el emperador Hirohito, cuando perdieron la guerra frente a Estados Unidos, quien reconoció la “humanidad” de los emperadores. A raíz de esto, Japón fue incorporando a su realidad prácticas un tanto occidentalizadas (apertura económica, democratización de esferas, etc.) que respondían a los intereses, obviamente, de Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, a Estados Unidos le urgía frenar las ambiciones comunistas de China y de Rusia, es por esto que tanto se esforzaron para que Japón se hiciera “más pa’cá que pa’llá”.

Esto no es una clase de historia, todas estas minucias históricas seguro ya las conocen. Ya una vez habiendo contextualizado qué es lo que había pasado en años recientes en Japón, adentrémonos en las razones por las que Yukio Mishima prefirió privarse de la vida que seguir viviendo ahí.

Él era una persona más bien de ideales tradicionalistas, creía firmemente en la divinidad del emperador y se negaba a abrazar las prácticas occidentalizadas que Estados Unidos les había impuesto. Se privó de la vida en honor a sus ideales, como mucha gente lo ha hecho a lo largo de nuestra historia. ¿Alcanzó él a vislumbrar algunos de los padecimientos actuales de Japón? Sí, es un país poderosísimo, avanzadísimo, pero en términos humanos el costo es muy alto.

Japón es hoy en día una de las potencias más importantes del mundo. Ha habido infinidad de milagros económicos, pero ningún otro país sigue rindiéndole a la muerte el culto que le rinde Japón. Hay que cuestionarse qué fue lo que Japón dio a cambio al incorporarse al mundo de “las potencias”, dejando a un lado las tradiciones y las prácticas de las que tanto se enorgullecían.

En promedio, los japoneses trabajan 12 horas al día. En 2006, alrededor de 355 empleados se enfermaron gravemente por exceso de trabajo. De estos 355, 147 murieron, todos a causa de un infarto o una embolia. ¿Por qué? Por estrés. Ese mismo año, 819 quedaron en estado de incapacidad mental (tradúzcanlo como quieran, el término es “mentally ill”), de los cuales 176 se suicidaron después.

El mundo sin lugar a dudas está lleno de contradicciones. Lo más difícil de encontrar en esta vida, definitivamente, es el equilibrio. Por eso el día en que conozca un hombre equilibrado me caso jajaja. Los costos de un desarrollo tan acelerado y de un crecimiento económico tan avasallador son altos, ya lo vemos. Lo más alarmante de todo esto es que tal parece ser que todo, de una u otra manera, los seres humanos hemos tendido a solucionarlo a través de la muerte.

El escritor Yukio Mishima así decidió interrumpir su existencia, con una protesta pública que precediera su muerte. Históricamente los kamikazes se han entregado a la muerte de forma incondicional, cegados por tal amor a su patria que quizás no lleguen siquiera a sentir un poquito de miedo. A Japón los costos del progreso material le están saliendo caros, ¿en qué régimen contemporáneo la gente muere de este modo por tanto trabajar?

Sé que quizás este post se salió un poco de tono, pero todo lo que he leído me ha impactado bastante. Además, no debiera de justificarme, se supone que este blog es para cultivarnos y esto es re-cultivador, ¿no?

[¡¡¡Ahora sí no pude ni ponerles una imagen porque ciudaddeblogs está I-M-P-O-S-I-B-L-E!!! Admin, ¿qué pasa??? Primero me quitas las cursivas, luego me impides ponerle imágenes a esto. Ya ves todo lo que se quejan del diseño, no quiero ni saber qué va a pasar si ahora ni imágenes puedo poner…. En cualquier momento me quedaré sin lectores =:::( ]