[Si hay algún visitante nuevo por aquÃ, ha de saber que este “cuento” fue escrito por todos aquellos que participamos en este blog. Es la primera vez que lo hacemos, y ha resultado ser muy difÃcil y enriquecedor. Todas las contribuciones son bienvenidas, ojalá les guste.]
Fantasmas del pasado
 
Siempre la veÃa. Todas las mañanas al despertar. Todas las noches antes de dormir. TenÃa la foto pegada en la pared. HabÃa comprado una lámpara especialmente para alumbrar la foto, para no perder detalle, para memorizar sus rasgos, para extrañar su olor.
HacÃa 4 años que decidió sacarla de su vida, al parecer nunca supo cómo sacarla de su corazón. Los recuerdos lo carcomÃan, la nostalgia lo trastornaba, los remanentes de aquella obsesión [no podÃa llamársele amor] no le permitÃan ser feliz. De hecho, David no conocÃa la felicidad.
Conoció a Diana a los 22 años. Desde que la vio “supoâ€? que era ELLA. “Ahà está, al fin has vueltoâ€?. La cadera y las piernas eran distintas, pero tenÃa la misma mirada de Jeannine… los mismos ojos, los mismos labios que invitaban al beso, la misma piel que pedÃa a gritos una caricia.
Iban rumbo a Acapulco. Iba él con Jeannine. El miedo a ser descubierto por sus padres y las caricias con las que Jeannine lo distraÃan le impidieron frenar a tiempo. Antes de morir, Jeannine dijo “regresaréâ€?.
Los años de la universidad recrudecieron ante la ausencia de Jeannine y la tragedia por la que estuvo enmarcada su muerte. No, nadie lo culpó. Pero la vida nunca fue igual. La única razón por la que logró salir a flote, sin lugar a dudas, fue aquel “regresaré� en el que confió ciegamente.
Diana era 20 años mayor que él. IncreÃble concebir que en una mujer tan frÃa, tan áspera, tan dedicada a su trabajo, pudiera encontrar a la niña que en la adolescencia fue el amor de su vida. Inconcebible para muchos imaginar que tanta ternura, tanta dulzura, tanta ingenuidad y tanta vivacidad se vieran ahora traducidas a la frialdad, la seriedad, la experiencia y las anchas caderas de Diana. Pero era ella, y él lo sabÃa.
David recordaba a Jeannine con cierto desprecio. Ella fue la primera que lo hizo sentir la avalancha de hormonas que caracterizan al amor. Jeannine era única y significaba aún demasiado para David.
Se conocieron por coincidencias del destino. Los amigos de David siempre dudaron de Jeannine. Era una mujer atractiva como pocas: cabello negro, ojos grandes y negros que contrastaban con el bronceado de su piel; esa piel que añoraba por las noches, tan suave al tacto y que siempre olÃa a una crema distinta; sus senos redondos, grandes, sus caderas inigualables. Sin lugar a dudas lo más hermoso era su rostro; tenÃa una sonrisa encantadora, pero era como una trampa mortal… frÃa y calculadora.
PertenecÃan a mundos distintos. Ella vivÃa en una de las zonas más pobres de Acapulco; él pertenecÃa la clase acomodada de la capital.
A él no le importaba nada, simplemente era un hombre enamorado que deseaba compartir su vida con ella, 4 años mayor que él.
La distancia entre Diana y David era evidente. Para Diana, David apenas existÃa. Era la mamá de Sebastián, quien habÃa llegado a la vida de David por casualidad. No sabÃa mucho de la vida de Diana, sólo que vivÃa sola con Sebastián en algún departamento de la colonia Roma, casi como la Mariana de las Batallas en el Desierto.
Sebastián no hablaba mucho de ella. Era un tipo medio despistado, pero muy buena persona. Conoció a David en la más extraña de las circunstancias: chocó con él en Parroquia y Avenida Coyoacán. Desde entonces se hicieron inseparables.
El tiempo transcurrÃa sin mayores emociones. Desde la muerte de Jeannine, David habÃa compartido muchas noches -era un chico atractivo-, pero no habÃa logrado abrirle a nadie su corazón. “No ha regresadoâ€?, se repetÃa incesantemente.
Una mañana, al pasar por Sebastián para ir a quién-sabe-dónde, salió ella, Diana, desde la ventana, avisándole que Sebastián no tardarÃa en bajar. “Es ellaâ€?, se dijo. Y su corazón estaba a punto de explotar…
Se quedó frÃo, sintió cómo la sangre se paralizaba dentro de él. Su cara se tornó azul y sólo pudo oÃr una voz retumbando dentro de su mente. No podÃa reaccionar, la voz de Sebastián le retumbaba en los oÃdos intentando hacerlo volver. TenÃan que irse pero no podÃa… tenÃa que verla, tocarla, reconocerla.
Sin preguntar se apresuró al interior de la casa pretextando cualquier cosa, ya dentro se refugió en el baño. Un chorro de agua frÃa en la cara y buscó su propio reflejo, buscó al niño que jamás se fue, que se quedó ahÃ, esperando.
Y luego… ahà estaba de nuevo, esa voz. TenÃa que salir pero estaba paralizado, todo el pasado volvÃa a él de un solo golpe.
Para David, saberse un completo desconocido ante la mujer que debÃa ser “la única”, aquella por la que debÃa esperar tanto y a la que esperarÃa hasta la eternidad, resultó ser el castigo más grande: la indiferencia de sus ojos serÃa tan dura como mil dagas heladas enterradas en el corazón.
Durante mucho tiempo contuvieron mil palabras de amor, mil caricias que deseaban intercambiar; sin embargo, el vacÃo entre los dos resultó tan avasallador como dar el primer paso. El miedo de externar todos los sentimientos unidos a la vez, a alguien a quien por casualidad se acaba de conocer permaneció, a pesar de amar a ese alguien con todo el corazón.
Mientras David buscaba en todos los rostros y voces a su amada, Camila sufrÃa. Durante mucho tiempo ocultó su amor por David. Y él parece que nunca lo notó. Estaba demasiado ocupado buscando a Jeannine.
Camila conoció a Jeannine. Envidiaba la forma en que David la amaba y la idolatraba. Cuando ocurrió el accidente, fue Camila quien le brindó su hombro para llorar. Se convirtió en su mejor amiga y confidente. Y en cierta forma eso comenzó a pesarle. ¿Perder a un amigo por un sentimiento no correspondido? Demasiado riesgoso.
Cuando David le contó feliz que estaba por haber encontrado nuevamente a su amor, ella se entristeció. Siempre albergó la esperanza de que Jeannine nunca cumpliera su promesa y tal vez asà ella podrÃa tener una oportunidad con su amor. Ese amor que, de pronto, se volvió prohibido otra vez.
“No una vez más”, pensaba Camila frente al enorme espejo mientras pintaba sus labios del rosa pálido que la caracterizaba. “Primero Jeannine, ahora Diana, ya no”. Sin embargo, ¿qué podÃa hacer la amiga siempre tierna y comprensiva, la que siempre le tendió la mano a David, la que veló su sueño y ha estado siempre para él?
Repasó con un dedo el contorno de su rostro reflejado: primero las cejas, después los párpados, su afilada nariz, las mejillas, y por último sus delgados labios, mientras repetÃa sarcásticamente, “Diana, Diana… hoy es Diana. Sólo falta que me diga ‘Diana’, DianÃsima la de Carlos fuentes, tan perfecta como la estatua y única como su gran amor”.
Valiéndose de la confianza que desde siempre le tuvo Sebastián, David logró pedirle las llaves de su casa, e infiltrarse en ella una noche. Estaba poseÃdo, fuera de sÃ. La veÃa… ahÃ… dormida. RÃgida como cuando despierta, frÃa como el invierno, pálida como la noche. Vieja… sÃ. TenÃa 42 años, pero Diana aparentaba muchos más.
¿Y qué importaba? Al verla ahÃ, inmóvil sobre la cama, tan sola… David no podÃa más que sentirse terriblemente atraÃdo hacia ella. Se acercó a la cama. La rozó, dibujó su silueta, sus labios, su sexo. Se limitó a la contemplación y a las caricias apenas perceptibles. Ella quizás no sentÃa nada, a él lo carcomÃa el deseo. “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué diablos me pasa?â€?, se dijo de pronto. Salió de la habitación y decidió marcharse.
Cerró la puerta y volvió a titubear “no… no me voy�. Volvió a entrar… y esta vez regresó para quedarse. Entró al cuarto. La besó. Ella nunca abrió los ojos, pero respondió al beso. Apasionadamente, como quien lleva años añorando el amor y no se ha atrevido a buscarlo.
“¡David!�. Ahà estaba, en el marco de la puerta, Sebastián. Diana abrió los ojos. El sueño terminaba y comenzaba la pesadilla…
De repente todo se derrumbó. Sebastián jamás lo perdonarÃa. Pero David no podÃa aún descifrar si lo que más le dolÃa era perder esa amistad de años o la oportunidad de ver a Jeannine en los ojos de Diana.
Salió con prisa de aquel lugar. Quizás con un poco de vergüenza por lo sucedido. Pero no arrepentido, no. Por unos instantes pudo besar los labios de su amada nuevamente. Lo repetÃa una y otra vez en su cabeza. El mejor recuerdo en años, tal vez.
Necesitaba desahogarse. Y recurrió a su pilar de siempre, el que jamás le fallaba. Al que siempre estuvo ahà para él.
Camila no pudo más. Se cansó de escuchar siempre la misma canción. Estaba harta. Harta por esa obsesión estúpida y sin sentido. Harta de que David no se diera cuenta del amor que transmitÃan sus ojos. Y decidió gritarle todo. Todos los sentimientos que llevaba guardados durante años. Todo el rencor que de pronto surgió por la impotencia que sentÃa al ver que David no reaccionaba.
Los ojos de él se abrieron como nunca antes lo habÃan hecho. La vida le estaba dando otro baldazo de agua frÃa. Y ahora, de pronto, estaba perdiéndolo todo.
Camila, por su parte, entendió que no podÃa hundirse con David en su espera, que debÃa voltear y empezar a vivir su vida; sà amaba a David, pero él tenÃa que superar y entender muchas cosas que su alma debÃa sacar y reestructurar. Camila no podÃa hacerse eso, no más.
Ella caminaba por aquel parque donde usualmente David le confiaba su eterna espera por Jeannine, con cada paso decÃa le adiós a ese recuerdo, a ese daño que ella misma se permitÃa; sabÃa que dolerÃa decir adiós a quien significaba tanto. El ser que le dio una serie de emociones tan firmes y encontradas, conoció el amor (no correspondido), el dolor, la esperanza, la frustración, en fin…
Cada paso era doloroso, pero firme; entendió qué merecÃa y qué querÃa para ella, y no era seguir esperando a David.
Mientras tanto, David decide salir tras Camila (quien ha salido con lágrimas en los ojos). Sólo puede repetirse a sà mismo “eres un estúpido David… eres un ESTÚPIDO”.
Para su sorpresa, al salir no es con Camila con quien se topa, sino con Sebastián. Éste se arroja en un violento ataque hacia David, quien sólo atina a defenderse sin atacarlo.
Tras un fuerte enfrentamiento son separados por una patrulla, misma que decide llevarlos a la delegación. Sebastián aun con injurias contra David como quien se siente engañado y manipulado; se declara su peor enemigo.
A la espera de que se esclarezca no sólo la situación sino su conciencia, Diana aparece, David siente palpitaciones aceleradÃsimas. Diana va especÃficamente por su hijo. La salida de éstos queda enmarcada  por una mirada tan frÃa como mil témpanos que Diana le dirige a David antes de partir.
La casa de David estaba sola, oscura y melancólica a su llegada. La tempestad habÃa causado estragos dolorosÃsimos: su mejor amigo declarado como su mayor Némesis, su confidente su amante en secreto, y su amor bajo un hechizo de odio desconsolador.
Pasaron un par de meses. David se sentÃa entonces listo para buscar a Camila y darle esa oportunidad que querÃa y que él necesitaba, tenÃa el plan perfecto.
La citó en ese parque, bajo ese árbol que muchas veces los cobijó. A lo lejos vio la silueta de Camila caminando hacia él; de pronto, Sebastián la interceptó tomándola entre sus brazos, parecÃan muy contentos, muy enamorados…
Jeannine lo miró. Sus labios comenzaron a moverse. “¿Acaso piensas dejarme ir?�. David no supo qué responder. Su alma y su corazón estaban alborotados. Su cabeza aún no lograba encontrar la salida de aquel infierno. “Búscame, he vuelto. Quiero que estemos juntos siempre�. Ella le dió su mano. David quiso alcanzarla pero… despertó. Fue todo un sueño. Jeannine, desde donde estaba, se negaba a abandonarlo.
¿Cuál era el paso a seguir? Vivir la realidad o seguir una ilusión? Necesitaba tiempo para pensar, ordenar sus pensamientos. Pero las cosas se precipitaron demasiado rápido y la decisión debÃa ser tomada en ese momento. Es que ese corazón no sanaba. Y quizás nunca lo hiciera.
El coraje, la rabia y la ira persiguieron a David después de ver a su fiel amiga y consejera, Camila, junto a Sebastián. ¿Quién era él para arrebatarle la confianza, la mirada, y el tiempo de la mujer con quien él tanto habÃa compartido?
La ausencia (¿o debiéramos decir “las ausencias”?), tanto de Diana como de Camila, confundÃan al chico incrustándolo en un recóndito vacÃo de soledad e incertidumbre que la absurda esperanza, por revivir una historia de amor, generó a través de los años en vano. No hubo pasión ni desenfreno junto a la majestuosa experiencia y belleza reencarnada de Jeannine.
David sabÃa que el destino le negaba el placer de disfrutar del olor, sabor y color que cobraba el sexo de Diana ante los suaves estÃmulos de la lengua quizás; o de la agresividad entre el Ãndice y el pulgar con su frágil clÃtoris una y otra vez, entre un vaivén de colores rosados y púrpuras que son preludio, entrada al punto álgido del placer para subir… subir hasta quedar sin aire.
Aquella cuarentona significaba asfixio, tan asfixiante como el peso de su edad que David no podÃa cargar sobre sus hombros. Se sentÃa pequeño, inexperto, soso, pero era demasiado orgulloso. El recuerdo del “regresaré” y la imagen compartida entre las dos mujeres, una joven y otra vieja, no le permitÃan reconocer la distancia que existÃa entre lo que algún dÃa tuvo y la imposibilidad de lo hoy tenible.
Encerrado no sólo entre cuatro paredes, sino en su propio y único mundo, con el valor hendido. Temeroso ante la apertura de ese cajón que dejarÃa salir al monstruo llamado Jeannine, supo que fue él quien forjó su destino desolador ya sin Camila, nunca con Diana, lleno de incertidumbre y arrepentimiento.
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¡Caramba! ¡¡¡Muero por leer sus comentarios!!! Yo tengo TANTO… pero TANTO que decir…
Les agradezco muchÃsimo a todos los que participaron para que esto fuera posible [¿Alguien que me quiera contratar para conducir el Teletón? Jajaja].
El final que se quedó fue el de Karina, fue el que me pareció más emotivo. No obstante, en los comentarios publico los otros dos finales que fueron propuestos para esta historia. Me gustarÃa saber cuál fue el final que más les gustó a ustedes.
Me tomé la libertad de corregir la ortografÃa y ciertas cuestiones estilÃsticas. También suprimà algunas partes que consideré demasiado reiterativas. Traté de mantenerlo lo más fiel posible a lo que ustedes escribieron.
Mi Gigoló, definitivamente lo del Hi5 no procedÃa. ¿Puede ser para la próxima?
Lo más importante, desde mi humilde perspectiva, es reconocer DE PIE la labor de los escritores. Miren nada más de qué modo nos partimos la cabeza para escribir esta historia medio construida, y eso que lo hicimos entre diez. Ahora a los escritores los admiro y quiero más que nunca.
Espero sus sugerencias. ¿Quieren volver a hacerlo? ¿Alguien más se incorporarÃa? ¿Qué cosa les gustarÃa que escribiéramos para la próxima? ¿Nunca lo volverÃan a hacer?
¡Plis! ¡Retroaliméntenme y quéjense todo lo que quieran!
[Me interesa mucho conocer la opinión de aquellos que no participaron en la construcción del cuento, la perspectiva del lector no activo en la elaboración de la trama también es importantÃsima.]