
De las Travesuras de la niña mala quiero extraer una lección que va mucho más allá de las cuestiones técnicas de la prosa de Vargas Llosa; me gustarÃa más bien abordar la forma en la que en este libro están retratadas las relaciones interpersonales y la alarmante semejanza entre el “amor” plasmado en este libro y las relaciones que los seres humanos de hecho sostenemos con las personas a quienes decimos querer.
Ya varios saben que Vargas Llosa es de mis escritores favoritos. A mà me parece excepcional, mucho mejor que GarcÃa Márquez. Independientemente de sus posturas polÃticas, como novelista y como ensayista me parece uno de los prodigios más representativos de la lengua castellana en el mundo contemporáneo. He leÃdo varios libros de él… unos cuatro, y en todos me ha atrapado desde el comienzo hasta el final. A mà me encanta, me gusta muchÃsimo más que Nabokov, aunque sé que muchos me van a querer linchar.
Bien, una vez habiendo dejado claro lo muchÃsimo que lo admiro y lo maravilloso que como escritor me parece, vayamos a lo que nos atañe: la relación del protagonista con la niña mala. Aquellos que no la han leÃdo han de saber que Ricardo, un traductor, se enamora (¿obsesiona?) de la niña mala. La relación entre éstos se caracteriza por su intensidad, su intermitencia, sus mofas continuas a los sentimientos del otro; la ambición y la arbitrariedad; la humillación y la locura desenfrenada; una total carencia de amor para sà mismos y, por supuesto, un establecimiento completamente erróneo de prioridades.
Las etapas de este “amor” atraviesan todos los matices: desde el enamoramiento aquel del que todos somos presa en uno u otro momento de nuestras vidas hasta la desesperación y el desenfreno propios de las relaciones destructivas, que nos carcomen hasta el tuétano. Ahora… si el libro se llama Travesuras de la niña mala, hay que tener claro que las maldades de la niña son más bien lo más recurrente a lo largo de la historia.
La relación entre Ricardo y la niña mala rebasa los lÃmites de lo destructivo, de lo obsesivo, de lo insano y lo devastador. El problema no es que Vargas Llosa describa tan arduamente una relación tan enferma, no, el problema es que este libro tan sólo reproduce lo que dÃa a dÃa ocurre en la cotidianeidad de nuestras realidades.
¿Por qué aferrarnos a esos amores que duelen? ¿Por qué convencernos de que aquel que no nos ama es “el amor de nuestra vida”, sin siquiera darnos la oportunidad de conocer a alguien que es capaz de demostrarnos a qué saben el amor, la paz, la armonÃa, la confianza, el compromiso, la tranquilidad? ¿Por qué querer a quien nos maltrata, nos lastima, nos humilla?
En mayor o menor medida, todos hemos padecido por amor. En mayor o menor grado, todos hemos sufrido ciertas vejaciones, todos hemos derramado lágrimas por algún amor no correspondido. Todos los seres humanos en algún momento hemos decidido aferrarnos a una relación que no funciona, quizás por ese miedo estúpido a no encontrar a nadie al final del camino, quizás por aquello de que “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Cuando yo leà el libro, hace poco más de un año, estaba destrozada. Emocionalmente estaba hecha trizas. Yo justamente me habÃa aferrado a alguien, yo me habÃa vendido la idea de que era él la persona con la que querÃa compartir mi vida. Hoy en dÃa no sabrÃa decirles si eso que en aquel momento llegué a sentir por él fue amor; lo que sé es que duró casi 5 años y que mi vida sà puede ser descrita antes y después de él. Yo, por “amor”, he llegado a los umbrales más profundos de la tristeza, y jamás pensé que los males del corazón pudieran doler mil veces más que cualquier padecimiento fÃsico.
Aquella relación fue, sin dudas, terrible. La relación entre Ricardo y la niña mala no refleja otra cosa que los extremos tan negativos a los que puede llegar una relación cuando no la sabemos cuidar. Una relación aberrante, alejada de todo lo que a lo largo de nuestras vidas nos es posible concebir como verdadero amor, donde la humillación, el engaño y la soledad, son los ingredientes con los que vamos condimentando ese supuesto “amor”, es justo lo que Vargas Llosa recrea en las Travesuras de la niña mala.
Yo la neta sé muy poco de la vida. Pero una cosa sà les puedo decir de todo corazón: la vida es demasiado corta como para vivir supeditados a los vaivenes de una relación que lejos de hacernos felices, cada vez nos hace más miserables. Hoy escribo respecto a esto y por primera vez en mi vida estoy segura de que comienzo a saber a qué sabe el verdadero amor. Nunca lo hubiera sabido si no hubiera decidido salir de una vez por todas de las redes aquéllas que yo misma me eché encima, de las redes de una relación que era todo menos lo que yo querÃa para mi vida.
El libro quizás pueda parecerles muy exagerado, pero cuando estamos dentro de una relación tan destructiva, perdemos la noción de los lÃmites humanamente permitidos. ¿Qué necesitamos para despertar, para darnos la oportunidad de tener una relación sana, que nos haga felices?
Ya sé que en este post me proyecté durÃsimo, imposible evitarlo. Este libro me removió muchas cosas, y hoy que me siento completamente recuperada, correspondida y feliz, puedo ver las cosas desde otro punto de vista. Les dejo para concluir algo que me ha enseñado mi mejor amiga: “Wen, amar no es ‘te amo y no puedo vivir sin ti’, amar es ’sà puedo vivir sin ti pero no quiero, porque recorrer el camino a tu lado me hace más feliz’”.