Para escribir hay que ser valiente
Jueves, Noviembre 29th, 2007
La pregunta esa de “¿a qué le temes?” ya está muy trillada. ¿Y qué tal si aquí abordamos los miedos con un enfoque literario???
Hay dos cosas a las que les tengo pavor en la vida. No, no le tengo miedo ni a los ratones (ni mal me caen), ni a las arañas (odio a las niñas fresas que gritan cada vez que aparece una), ni a la soledad (más bien me encanta tener tiempo conmigo), ni a la muerte (al menos no a la mía), ni a las alturas (llevo más de once años viviendo en un octavo piso).
Mi primer miedo: los juegos mecánicos. Así es, leyeron bien, los juegos mecánicos. Entiéndase, que yo no me subo a la rueda de la fortuna ni aunque me paguen. Ya ni hablar de las montañas rusas o de todos esos artefactos que van a más de 1 kilómetro por hora, ja. El día que me subí al Barco Pirata del Showbiz Pizza me desmayé. Imagínense nomás. No, no puedo. Y NUNCA me subiré a ninguno. Tiemblo de miedo de pensarlo. Ya sé, qué vida tan , ja, ¿qué le hacemos?
Mi segundo miedo, al que más bien debiera denominar pavor: la locura. Para ser precisa, a los manicomios. Nunca he estado en uno, jamás. Y me despiertan un no-sé-qué difícil de explicar. Por instantes me encantaría entrar en uno, para observar; pero sé que a la larga todo lo ahí observado me perseguiría incansablemente hasta que mi tranquilidad se viera por completo fragmentada. No me pregunten por qué, pero lo sé, lo siento.
Hablando con alguien (ay, Alguien, cómo me proyecto hablando contigo…) creo haber llegado, casi sin quererlo, a la raíz de este miedo mío que aparentemente no tiene justificación. La locura está a la vuelta de la esquina, hay mucho de ella en nosotros por el simple hecho de existir, está maquillada de cordura por todas partes, y en cualquier momento nos amenaza con abrazarnos también. Sus múltiples manifestaciones acompasan nuestra existencia como las olas al mar. ¿Qué son la depresión, la histeria, la neurosis, la euforia, el enamoramiento, la frustración, etcétera, sino locura a cuentagotas?
Las películas que más me han asustado e impactado a lo largo de mi vida siempre giran en torno a la locura, bajo el pseudónimo de sus nombres comerciales: esquizofrenia, bipolaridad, personalidad múltiple… qué sé yo… no soy psiquiatra.
Se preguntarán a qué viene todo esto. En menos de un año, varios de los libros que he leído tocan, en mayor o menor medida, el tema este de la locura que tanto me impacta. ¿Que de cuáles les hablo? Quizá ustedes recuerden mejor los nombres que yo, pero por mencionar tan sólo algunos: Lolita, Delirio, Dulce compañía, y ayer, ***un material promocional de*** El búfalo de la noche.
Varios de ustedes habrán visto la versión cinematográfica de este último. Yo me quedé con ganas de verla, no la vi (siempre me quedo con ganas de ver todo, siempre…). Un buen día, de pronto, apareció entre mis libros ***un folleto de*** El búfalo de la noche. En media hora lo terminé. No llega ni a las cuarenta páginas. (Ahora entiendo todo: Venía en Letras Libres, sólo que yo nunca me di cuenta…)
Para mí, fue maravilloso. No sé qué tan buen o mal escritor sea Guillermo Arriaga, no tengo ni idea. Lo que es un hecho, es que a mí me reveló un par de verdades donde ni siquiera sabía que existían cuestionamientos.
1. Para escribir una novela no tienes que ser un erudito. No tienes que ser nadie. Tienes que lacerar, tienes que proyectar. Tienes que ser incisivo, tienes que ser breve (***bueno, ¿esto qué? Al fin y al cabo era sólo un material promocional***). No puedes atar todos los cabos, es mejor dejarlos sueltos.
2. La locura, esa omnipresencia a la que tanto le temo, es un manantial inagotable de recursos. Si creen que la locura es un tema muy socorrido por los creadores de ficciones, permítanme retarlos y decirles que se equivocan. La locura es todo menos un lugar común: tiene tantos matices, tiene tanto paralelismo con nuestras vidas, que nunca es igual una demencia a la otra.
Gracias ***al material promocional de*** El búfalo de la noche descubrí que para escribir hay que ser valiente. Qué apasionante la locura, lástima que me falte valor. Léanlo, miren todo lo que descubrí en media hora.
*********
Me disculpo con todos. Calvin Krime me hizo ver que lo que leí no fue el libro completo sino un “adelanto” o un “material promocional” que venía en Letras Libres. Ya decía yo, jajaja. Nunca me di cuenta, nunca había visto el libro físicamente, supuse que eso era todo (qué poco perspicaz). Lo lamento, de verdad, voy a poner más atención en lo que hago. Voy a comprar el libro y lo leeré completo para resarcirme por este error.





