
A que no adivinan de qué voy a hablar esta vez… Pero en esta ocasión cerraremos con broche de oro el temita ese del miedo que tan asoleada me ha traído últimamente, lo prometo.
Otra vuelta de tuerca no sólo es un libro escrito por un hombre narrado desde una perspectiva femenina con gran maestría (este cuestionamiento aquí nos lo hemos planteado muchas veces), este libro encierra en sus páginas muchas respuestas a varios de nuestros cuestionamientos; este libro sí es un clásico que todos debiéramos darnos la oportunidad de leer, al menos, una vez en la vida.
Es un libro precioso, envuelto en un halo de suspenso exquisito que atrapa incluso al más escéptico de los lectores. ¿Qué más da si creemos o no en fantasmas, cuando la historia que leemos está tan bien escrita y tiene todo en su lugar?
El título del post, “De lo insufrible a lo exquisito”, alude a las sensaciones que yo experimenté leyendo tanto a Truman Capote como a Henry James. Las escenas descritas por Capote son para mí la exacerbación de una violencia que, justificada o no, algunos simplemente no podemos tolerar; por el contrario, lo que nos narra Henry James en su Otra vuelta de tuerca, nos infunde un miedo delicioso, una curiosidad insaciable, un no querer cerrar los ojos, un querer terminar el libro en ese momento para conocer el final de la historia, para saber si las fuerzas del masallá vencen a las del masacá.
Todo es cuestión de gustos, de personalidades. Todos conocemos nuestros límites y sabemos qué tanto podemos aguantar y hasta dónde somos capaces de llegar. No entiendo por qué empeñarme a estas alturas, a mis 23 años, a transgredir los límites que mi propia personalidad me ha impuesto. Yo no puedo lidiar con la violencia tan gráfica, con una realidad tan grotesca como la que nos ofrece Truman Capote en A sangre fría.
Y se me ocurre que, como tantas veces lo he dicho ya, leer es análogo a ver una película. Lo que te gusta en pantalla te gusta en papel. No tengo estómago para la violencia tan explícita, tan gráfica. Cuando “terror” se traduce en “sangre” pierdo todo el interés en ver una película. Cuando me topo con directores que creen que proyectar cabezas rodando es terror, prefiero quedarme esperando afuera: en la fila de las palomitas.
Pero el suspenso… oh, Dios bendiga el suspenso. Es una belleza. Cuando algo te tiene en vilo, sin ser gráficamente agresivo; cuando no sabes ni qué va a pasar, cuando se intersecan la realidad y la fantasía y de pronto pierdes noción del punto exacto en el que te encuentras incluso tú… en ese momento es cuando el “terror” es disfrutable.
Supongo que el libro de James a varios les parecerá, incluso, un poco ñoño. Después de tanto anticristo y tanto exorcismo, a quién pueden asustar unas apariciones tan random en una vieja casona. Leer Otra vuelta de tuerca es de las cosas que más he disfrutado jamás, de verdad. Independientemente de que el libro tenga o no la capacidad de sugestionar al lector, lo que es un hecho es que al terminarlo queda uno atónito: qué imaginación, qué adelantarse a su tiempo, qué forma de fungir como una novela fundacional para todo lo que en materia de misterio fuera escrito después.
Yo no sé nada ¿eh? Sólo infiero. No he leído nada respecto a la novela. Sólo les pongo aquí mis impresiones inmediatamente después de leer LA novela. Seguramente del umbral ese en el que se pierde la noción entre lo real y lo sobrenatural ya se había escrito mucho antes, lo que dudo es que todos puedan tener tanta trascendencia como la tiene Otra vuelta de tuerca incluso en nuestros días.
Y todo esto, finalmente, para cerrar con TRES broches de oro:
1. No voy a retomar A sangre fría. Me atormenta, no me gusta, me inquieta, me perturba. Hay cosas que, simplemente, no son para nosotros. A sangre fría no es para mí.
2. Estoy (como ya se habrán dado cuenta) extasiada con Henry James. El libro me recordó muchísimo la película aquella de Los otros, ¿la recuerdan? Son ese tipo de cosas las que disfruto, que genuinamente me dan miedo y alimentan mi curiosidad.
3. Ya no voy a hablar de espantos en este blog. Parece que en vez de Navidad se aproxima el Día de Muertos. Vivo aletargada chicos.