Con el teclado descompuesto: asà me recibió el 2008.
¿Cuál de todos mis propósitos de año nuevo atañe a este blog y a sus distinguidÃsimos lectores? El siguiente: voy a dejar de buscar las fotos de las portadas de los libros en internet. Asà nomás. Estoy harta de poder hallarlo todo menos fotos de portadas de libros de buen tamaño. De ahora en adelante yo las fotografiaré y las subiré a los posts. Ésta será la primera de muchÃsimas más:

(¿A poco no está de concurso???)
Ah, por poco olvidaba el otro propósito que atañe a este blog: seré más breve. BRE-VE. Definitivamente. Ya varios se han quejado. Esto es democracia. Entonces, brevedad. Y como que ya me estoy extendiendo mucho, y no creo que esté padre atropellar mis propósitos de año nuevo a tan sólo una semana de haberlos formulado, ja.
El libro de la foto es una obra de arte. Ya saben, dicen que el arte es subjetivo, ¿no? Que tú decides qué es arte y qué no lo es. Me aventurarÃa a decir que este libro es el lugar en el que se neutraliza la subjetividad: es arte. Para cualquiera.
Inconscientemente tiendo a cuestionarlo todo (terrible padecimiento, en verdad). Que si esto, que si l’otro, que si aquello. El Nobel de Literatura es EL premio, ¿no? Y me puse a pensar, asà como no queriendo la cosa, qué convertirá a un escritor en un Nobel. ¿Tendrán algo en común? ¿Su legado a la humanidad será de verdad inenarrable? Y bueno, luego pensé, “vamos a ver si es cierto”. Y afortunadamente me acerqué a Coetzee para mitigar mi impasible curiosidad.
A los que leemos novelas nos gusta volar. Es eso, la verdad. De lo contrario, en vez de invertir tantas horas en un libro tomarÃamos un periódico o la enciclopedia. Pero no. No sabemos volar en territorio tangible. Hay que despegar los pies del suelo y la mente de la realidad para despegar.
Para los lectores evasivos de la realidad como yo, una novela que tiene como telón de fondo un escenario polÃtico-social circunscrito a un momento histórico determinado, no siempre mantiene alerta a un lector ávido de emociones cimentadas en la ficción.
Y una vez más, este libro me la aplicó (no porque este libro en particular ya me la hubiera aplicado antes, sino porque por lo normal todos los libros me la aplican). Es una belleza. Es una historia de dolor, de amor, de deseo, de peligro, de venganza, de emociones. Este libro está plagado de enseñanzas. Es sorprendente. Está narrado de una forma bellÃsima. No sé, siento una necesidad imperiosa de destacar la labor del traductor: ¿por qué no se les reconoce tanto o más que a los autores?
Aquà en la contraportada hay una cita de Carlos Fuentes:
“Yo no sé si el Premio Nobel de Literatura recaerá un dÃa en J.M. Coetzee. Lo merece sobradamente. Pero a la calidad de su obra le sobra todo premio.”
Y finalmente recayó. Y quizás mucho me esté precipitando: de todos modos, no hay premio que le alcance. Además, ni Javier MarÃas ni Mario Vargas Llosa se lo han ganado. Y también lo merecen sobradamente.
¿Qué más da si es o no Premio Nobel? Léanlo. Lo van a disfrutar. Es un libro para devorarse.