Inclasificable
Miercoles, Abril 30th, 2008Al igual que ciertas cosas que simplemente no podemos echar en ningún cajón porque de plano no pertenecen ni a uno ni a otro (ni es calcetín, ni es cinturón, ni es tobillera, ni es bufanda; sabemos que es una prenda, algo así como una corbata que más bien parece chalina y además te amarras en la cintura pa’ que se vea mejor), pero las tenemos cerca de esos cajones porque nos da la impresión de que por ahí van, hay novelas que no podemos colocar en ningún lado. Sabemos que es novela, pero no es como ninguna otra; ni mejor ni peor, pues, simplemente no es como las demás. Eso es el Diccionario de nombres propios de Amélie Nothomb.
Me gustaría enumerar los aciertos del libro. Es un ejercicio interesante porque podemos percatarnos de cuándo es que un editor hace bien su chamba. Comencemos.
1. Sin lugar a dudas, la portada es el mayor acierto del libro. Ahora mismo verán por qué:
Es una hermosura. Un libro ante el cual no podemos permanecer indiferentes. Y bien, es aquí donde entra en juego el segundo factor:
2. El título. “¿Diccionario de nombres propios??? Mmm… ¿¿¿DICCIONARIO DE NOMBRES PROPIOS??? Ohhh… No sé qué sea, qué pueda decir, pero es una novela de Anagrama, con un gran título y, sobre todo, con una portada excepcional. Me lo llevo”. ¿A poco ustedes no se lo hubieran llevado???
Y ya sé que a estas alturas pensarán que si he ensalzado tantísimo el título y la portada es porque la novela me pareció una verdadera tragedia, jajaja. Pues no, tampoco.
Imagínense un cuento de hadas, con brujas y todo, con una protagonista bastante particular, cuyo nacimiento estuvo enmarcado por un asesinato y un suicidio (perpetrados, ambos, por la madre: primero se echó al papá, luego tuvo a bien suicidarse), dotada de una belleza extraordinaria, rara, esbelta. ¿Su nombre? Plectrude. Y su nombre es el motor del libro, en torno al cual gira todo lo demás: lo bueno, lo malo, lo mágico, lo inverosímil.
Yo la disfruté muchísimo, la leí en 3 horas. No puedo platicarles la trama porque los hilos conductores a simple vista “claros”, van a dar a sólo-Dios-sabe-dónde. Es un experimento interesantísimo porque es una novela completamente distinta a todo lo que he leído antes. Como ya les dije, el trabajo editorial es impecable y es un ejemplo clarísimo del peso que tienen una buena portada y un buen título.
Sólo hay un problema: el final. ¡Qué cosa más decepcionante!

